Responsabilidad vs culpa

Hace unos días, invité a mi vecino a escribir una entrada “doble”, que es algo que hace un tiempo nos divertía hacer. Dos puntos de vista divergentes, al menos en apariencia, sobre un mismo tema. Uno en cada blog. Le dije que necesitaba una semana para escribirla (pensaba hacerlo el lunes, pasado mañana), pero sea que él olvidó este pequeño condicionante de tiempo, o sea que decidió hacer trampa y arrancar antes del disparo de salida, publicó su entrada, para mi horror, el día de ayer. Sólo por tratarse de quien se trata, le doy el beneficio de la duda y asumo la responsabilidad que me corresponde (100%) por sus acciones. Al fin y al cabo, fue mi idea invitarlo y se trata de mi vecino. ¿Lo deja esta asunción a él con una cuota de responsabilidad de 0% por el olvido o por la trampa? ¡Por supuesto que no! Como pretendo explicar a lo largo de esta entrada, a él le corresponde el otro 100%. La responsabilidad no se resta ni se divide. Sólo se suma y se multiplica.
…………………………………………….

Responsabilidad y culpa, al igual que ética, moral y justicia son conceptos a veces ambiguos, confusos, a veces considerados sinónimos entre sí, o al menos intercambiables, no sólo por sus usuarios frecuentes, sino hasta por los propios diccionarios.

Uno de los grandes aportes de mi amigo El Gran Sabio a la cordura de la humanidad consiste en haberlos diferenciado con claridad cristalina. En lo que a mí concierne, no deseo pensar en estos conceptos desde otro punto de vista, ya que ahora puedo hacer algo con ellos: me resultan útiles a la hora de tomar decisiones y también de ayudar a otros en la misma tarea.

Como bien plantea mi vecino, es imposible hablar de responsabilidad y culpa sin tocar los temas de ética, moral y justicia, por lo que proceden unas cuantas definiciones a este respecto. Trataré de simplificarlas al máximo.

Supervivencia y felicidad

“Partimos de la base de que todos queremos vivir.Para vivir tenemos que tomar las decisiones que creemos más convenientes para nosotros”, escribe mi sabio vecino. Tiene toda la razón.

Y eso no es todo, queremos algo más que vivir: buscamos sobre-vivir, entendiendo la supervivencia no como mantener la nariz fuera del agua a toda costa, sino como una escala que va de cero (la muerte) hasta infinito (el ideal de eternidad). En otras palabras, no sólo queremos estar vivos sino que tenemos un impulso, un impulso fundamental, hacia estar mañana mejor que hoy. Trabajamos, amamos, creamos para estar mejor. No sólo se trata de conservar la vida, sino de mejorarla. Y eso incluye, en mayor o menor medida para cada persona, la supervivencia de sus seres queridos: su familia, grupos, nación, la especie humana… y más allá.

La supervivencia es el punto de partida para esta entrada. Y como base fundamental, nos permite sostener todo lo demás. Por ejemplo, la felicidad. La felicidad sería, sencillamente, el resultado de acercarnos a la meta de supervivencia en cualquier empresa. La felicidad no es un estado perpetuo de extasis místico. Es un resultado, se le podría considerar también un “premio”, por avanzar en dirección a una mayor supervivencia individual, familiar, de grupo, humana, y así sucesivamente.

Pequeñas o grandes dosis de felicidad –o placer– resultan cada día, cada minuto, con cada paso que damos en la dirección correcta. Y son, en intensidad y duración, proporcionales a la distancia recorrida. Por el contrario, pequeñas o grandes dosis de dolor resultan con cada paso que damos en la dirección inversa, hacia una menor supervivencia, hacia estar peor, hacia la muerte efectiva o figurada.

Hay algunas trampas para osos en este camino hacia una mayor supervivencia, pero son muy visibles para un ojo humano mínimamente entrenado. Se trata de los placeres o la felicidad que aparentemente brindan ciertas actividades contra-supervivencia; como las drogas, por poner uno de los ejemplos más comunes. Aquí, basta introducir el concepto “a mediano o largo plazo” en la ecuación para determinar, con la mayor facilidad del mundo, la dirección en que nos conduce ese accionar, independientemente de su “premio” o “castigo” inmediatos. Podemos refinarlo aún más, pero no quiero desviarme. Correcto-incorrecto o pro-supervivencia/contra-supervivencia es tema para otra entrada, sea simple o doble….

Ética, moral y justicia

La ética, como sustantivo, es sinónimo de razón. Es la capacidad de determinar y tomar el camino hacia una mayor supervivencia, individual y colectiva, a mediano y largo plazo. Es algo que aunque contiene y afecta a los demás, depende por completo de la persona, de sus capacidades de observación, de razonamiento, de predicción y de autodeterminación. A mayor cordura, mayor ética, mayor capacidad y, por cierto, mayor libertad. A mayor incapacidad, mayor demencia, más falta de ética.

La moral es el conjunto de normas trazadas por un grupo determinado, a menudo una sociedad, para regir las interacciones de sus miembros. En su origen al menos, se basa generalmente en la observación de lo que ayuda o entorpece la supervivencia de ese grupo. No es mucho más que eso.

La justicia son las acciones y procedimientos que emprende un grupo cuando el individuo parece ser incapaz de actuar de manera ética y/o moral por sí mismo y perjudica así a otros miembros o al grupo en su totalidad.

Responsabilidad y culpa

No me interesa, para los fines de esta entrada, el concepto de responsabilidad-culpa en función de la moral ni de la justicia.

A mi modo de ver, la moral judeo-cristiana (que mi vecino me hace ¡por fin! el favor de reconocer como forjadora de gran parte del sistema occidental de valores), en el mejor de los casos no tiene un concepto claro de la responsabilidad. En el peor, tampoco está particularmente interesada en que nadie lo tenga. Como bien apunta mi vecino, su principal interés es sembrar, cultivar, promover y vender la culpa como su principal producto de exportación.

En el campo de la justicia, “culpabilidad” no se opone a “responsabilidad”, sino a “inocencia”. Y por “culpa” no se entiende otra cosa que “responsabilidad asignada por medio de la fuerza”. Lo cual podrá funcionar de maravilla en el sistema legal, pero jamás en el ético. Como muy bien observa mi amigo El Gran Sabio, un código ético jamás puede ser impuesto, porque este solo hecho lo convertiría, por definición, en un código moral: los principios éticos se asumen –o no– por propia autodeterminación y convencimiento. El apego a un código ético, con total autodeterminación, puede verse hasta como un lujo que sólo unos pocos pueden permitirse.

Desde este punto de vista, la responsabilidad es simplemente el reconocimiento de ser, haber sido o poder ser CAUSA de un efecto determinado. Es todo lo que es. De acuerdo a la etimología, sería la disposición y la capacidad para responder por algo o por alguien.

Y es en este punto en el que se encuentra la única divergencia con mi vecino. Porque sucede que sí causamos cosas, sí creamos efectos, a sabiendas o no, nos guste o no, tengamos 0 o 99 años de edad, seamos ejecutivos o empleados, padres o hijos, rasos o generales. Y con mayor o menor certeza, sabemos que lo hacemos. Y en esa misma medida, somos responsables.

¿Es responsable un soldado de haber participado en la destrucción de una ciudad, en el asesinato de civiles inocentes y en la violación de las mujeres que no pudieron escapar a tiempo? Lo es en la medida en que sea capaz de enfrentar el hecho de que causó lo que causó. No es “no-responsable”, sino irresponsable en la medida en que no está dispuesto o es incapaz de asumirse como causa.

En ese mismo tenor ¿puede un niño asumir responsabilidad por el bienestar de sus padres? Por supuesto que sí… con un pequeño condicionante: que cuente con unos padres mínimamente cuerdos y, por tanto, aceptablemente responsables. En la medida en que el niño es capaz de comprender que de su actuación depende en gran medida el sentimiento de orgullo o de decepción de sus padres, su tranquilidad o su histeria perpetua puede –y normalmente tiene el impulso de hacerlo– causar efectos mayormente positivos. Y si los padres, cuerdos al fin, se abstienen de castigarle cuando comunica los efectos negativos que ha creado, cuando dice “Yo lo rompí, fue un accidente, ¿me perdonas?” (proposición estándar de la hija de 5 años de mi mejor amiga), ve que también puede responsabilizarse de sus fechorías. Y su sentido de la responsabilidad aumenta. Más tarde, será perfectamente consciente de que su vida entera está en sus manos: es causa sobre ella y, como tal, tendrá certeza de que puede encaminarla en la dirección de sus propias metas. Quizá la parte más importante del trabajo de ser padres, consiste en estar completamente dispuestos a mordernos la lengua si es necesario para no aplastar los intentos incipientes de nuestros hijos por asumir cada vez una mayor cuota de responsabilidad.

¿Qué es culpa entonces? Nada más y nada menos que la asignación errónea o arbitraria de responsabilidad.

La culpa es una especie de sombra de la responsabilidad. Una caricatura, quizá. Y, definitivamente, su opuesto. Es asignar a otros una responsabilidad que nos corresponde. Es también permitir que alguien más nos imponga la calidad de responsables, violando así su condición esencial de autodeterminación. Y es, en el peor de los casos, el imponérnosla nosotros mismos sin habernos reconocido previamente como Causa, sea que lo fuéramos o no. Es el clásico “yo no fui, fue Teté”, el no menos clásico “sé que fuiste tú, tu siempre eres el que….” y el patético “por mi culpa, por mi culpa…”.

La culpa nos coloca, entonces, en la detestable condición de Efecto. Donde hay muy poco que podamos hacer. Porque, aunque parezca una perogrullada, un efecto no es causa jamás.

La responsabilidad se convierte en culpa a través de un mecanismo de lo más simple e interesante.

  1. Causamos algo, a sabiendas o no, por error o por descuido, que resulta ser un efecto más o menos dañino o indeseado.
  2. No estamos dispuestos o no somos capaces de enfrentar el hecho de haber sido Causa de ello.
  3. Asignamos la calidad de Causa a alguien o a algo diferente de nosotros mismos (aquí entra toda la increíble gama de justificaciones y explicaciones).
  4. De este modo nos volvemos Efecto y la responsabilidad rebota de regreso (ya que ha sido “enviada a la dirección incorrecta”) como Culpa.

Es el peor negocio que podemos hacer en la vida. Y lo hacemos a diario, en buena medida por puro desconocimiento.

Aunque me habría gustado exponer más ejemplos para ilustrar cada uno de los conceptos, espero haber contribuido con esta entrada –excesivamente condensada y sin embargo excesivamente extensa– a desmitificar en algo la idea tan socorrida de que estos asuntos son “muy complicados”. Pues no lo son.

16 pensamientos en “Responsabilidad vs culpa

  1. Ámbos relacionáis en vuestros ejemplos la responsabilidad con efectos negativos ¿por qué tan a menudo nos cuesta asumir responsabilidad por los efectos positivos más que por los negativos?

  2. Es una excelente observación, querido Iña. La razón es que era el tema de la entrada: Responsabilidad y CULPA. En el caso de los efectos positivos, la culpa se queda fuera de la discusión. Me temo que ya que lo mencionas, te toca a tí escribirla. ¿Qué te parece la idea?
    ;-)
    PS: No es una asignación arbitraria de responsabilidad la que acabo de hacer, sólo una sugerencia de algo que nos encantaría a todos.

  3. Vaya en primer lugar, no una excusa sino una explicación.Cuando leí tu propuesta de entrada doble me gustó el proyecto y el tema me pareció de lo más interesante. Sí que es verdad que comentabas que necesitarías 7 días, creo, para llevarlo a cabo por tu parte.No pensé que esto implicaba que yo debía esperar el mismo plazo.Simplemente ocurrió que me puse a escribir y al acabar decidí publicarlo.No consideré dar importancia al tiempo ya que este es uno de los pocos ámbitos donde el tiempo no nos afecta de manera determinante.
    Asumo y sumo con gusto el 100% de la responsabilidad que me corresponde.Pude ser precipitado nunca tramposo.

    En lo tocante a lo que escribes veo, salvo ceguera por mi parte, que esta vez no hay casi motivos de disputa entre las dos entradas.
    Sólo algun comentario:
    -Yo no puedo considerar la felicidad como un resultado ni un premio.La felicidad es lo que nos acompaña en un camino en el que tomamos las decisiones que nos convienen.No es el resultado de nuestras decisiones y menos un premio.

    -La ética la propones como sinónimo de razón. Esto no siempre es así. Es la experiencia la que nos va enseñando a vivir. Gracias a ella podemos ir determinando lo que nos viene bien, nos conviene y lo que no.A veces lo razonable es huir de los problemas pero nosotros decidimos enfrentarnos a ellos.

    -Me extraña que digas que “por fin” reconozco la moral judeo-cristiana como forjadora del sistema occidental de valores. Creo que he escrito en varias ocasiones como el concepto de culpa que nos han inculcado es el causante de muchos de los desastres que nos ocurren.

    -Planteas la discrepancia en el tema de la responsabilidad. Igual me he explicado mal pues leyéndo lo que escribes no puedo por menos que estar de acuerdo.Lo que yo transmitía es el hecho de que a ciertas personas se les considera no responsables porque se asume que no tienen capacidad de obrar, es decir; que no se les puede exigir responsabilidad por aquello que hacen. Por eso citaba el caso de los niños como ejemplo.Ellos sí son causa de lo que hacen, otra cosa es que el consenso haya considerado responsables legales de los efectos a otros.

    Lo que podría variar es el grado de culpa.

  4. Vecino querido, me escapo por un momentito de mi sesión cinematográfica con M. Estamos intentando ver en este momento Whatever Works…. sin subtítulos, pero estamos a punto de abandonar la tarea y devolverla… ya te imaginas por qué. Ambas entendemos inglés, hasta UN PUNTO… sin embargo, ya sé lo que dirás. No te preocupes, al menos yo, no me atrevo a hablar por ella, persistiré hasta que caiga exhausta, sin fuerzas ni energía, semi inconsciente sobre la inexistente alfombra de mi habitación. Nuevamente percibí que andabas por acá y esta vez he acertado, aunque sólo se me han concedido CINCO minutos de intermezzo.

    Para mí, parte de lo interesante y divertido de las entradas dobles es que no tengamos oportunidad de leer la otra entrada antes de publicar la nuestra. Así, la sorpresa es doble. No obstante, sospecho (no sé por qué…) que últimamente no estás de humor para las sorpresas… ¿me equivoco?

    También me daba la impresión de que hace bastante tiempo que habías recuperado la visión… ¿vuelvo a equivocarme?

    Sé lo que piensas sobre la felicidad, vecino querido. Sé que detestas incluso la idea de que se considere un premio, porque lo asocias con algo proveniente de Dios o la divina providencia o el Gran Hermano, pero no tiene por qué ser así. Nunca te has dado un premio, un regalo tú mismo? ¿Nunca te has tirado un besito (perdón, un beso) en el espejo? ¿Un guiño de ojo al menos? ¿Un “thumb-up”? Si la respuesta es no, lo cual dudo sinceramente, pues vete ahora mismo a donde tengas tu espejo y hazlo. Busca una razón para premiarte y hazlo. Right away. Es una orden, vecino. Verás que es posible. En el caso de la felicidad y el dolor, el premio o el castigo no proviene de nadie más que nosotros mismos, aunque no estemos conscientes de ello.

    Dame un ejemplo por favor de alguna vez que sea o haya sido “razonable huír de los problemas”.

    Por fin la has reconocido por su nombre, por primera vez. Siempre te has referido a ella como “la religión” o “la Iglesia”, vecino. [sonrisa]

    No te has explicado mal. Bueno, tal vez un poquito… me alegra inmensamente saber que así ha sido.

    ———————

    Vecino, tengo otros 3 minutos… estoy preocupada por M. Ya logramos acoplarnos a la velocidad de la película y entendemos más de lo que no entendemos… es que desde que comenzamos a entender los diálogos, o… el monólogo… M. no ha parado de reíse y yo francamente no lo encuentro TAN cómico, si hasta me da un poco de pena el pobre Boris, pero ella se ríe y se ríe histéricamente y tuvo que parar ahora a beber algo de agua en la escena en que ¿Melody? (no entiendo bien su nombre) le prepara la cena y le dice que ha encontrado un trabajo…. Es impensable por completo en realidad lo que ella plantea, pero no es para reírse TANTO. En fin, vuelvo a la película, ya nos agarró. A ver qué pasa.

    ————-

    Bueeeeno. Aunque M. me hizo prometerle que no haría una crítica de la película, porque ella la hará (bueno, no una crítica, sino lo que ella siempre hace) en su blog, no puedo dejar de darte mi impresión final, vecino querido. Si no hubiera sido por la última parte del último monólogo, los últimos 40 o 60 segundos de la película, no habría habido nadie que me convenciera que el guión no lo escribiste tú. Me dejó con la boca abierta. M., tan sutil como siempre, me empujó la mandíbula inferior hacia arriba, con gran suavidad, incluso elegancia. Sólo puedo terminar diciendo que ya veo de dónde obtienes una buena parte de tus municiones. [sonrisa]

    Me voy, como Mc Arthur. Un beso veloz.

  5. Indiscreta y querida amiga, tu entrada es perfecta.

    Admiro tu persistencia.

    No sé qué más decirte. Como sabes, ando algo parca de palabras en estos días.

    Besos.

  6. K,
    -No había caído en algo tan evidente como en lo que dices.Adelantarse en una entrada doble modifica lo que escribe quien lo hace en segundo lugar.Todo fue culpa de mi incapacidad para mantener como borrador una entrada.Cuando siento que está terminada el dedo se me escapa al botón de publicar.
    En la próxima ocasión podemos decidir día y hora de publicación.Prometo contenerme.Como ya te he dicho alguna vez, soy muy impaciente en el corto plazo y todo lo contrario en el largo.

    -¿He recuperado la visión?

    -Trato constantemente de evitar la idea de que la felicidad es un premio.Creo que el camino,el presente, es lo único que tenemos y que la felicidad nunca puede ser futura.Tengo auténtica incapacidad para ponerlo en práctica pero trato de convencerme a diario de que esta es la única realidad.No vale pasarse la vida recordando lo bueno del pasado y menos consolándonos con premios futuros.

    -Cuando hablo de huir de los problemas me refiero a que en muchas ocasiones lo cómodo es no meterse en ellos,no tomar parte en las cosas, no decir lo que pensamos, no enfrentarnos a las situaciones.Creo que este es un deporte más universal que el fútbol.Incluso sus hinchas lo defienden a capa y espada.Es tan absurdo que cuando uno no sigue sus consejos le acusan de meterse donde no le llaman.

    -“Razonable” debería ir entre comillas.Razonable puede ser no enfrentarse a un hombre armado en una disputa y “razonable” considera demasiada gente no enfrentarse a la injusticia para no resultar salpicado por las consecuencias. El salto de la prudencia a la cobardía es muy corto en muchas ocasiones.

    -Entiendo lo del judeo-cristianismo.No había caído en la cuenta.En cualquier caso muchas religiones, el mismo concepto de religión, peca de lo mismo.

    -La película de W.Allen yo la vi en inglés pero con subtítulos.Me es difícil hablar con cierta objetividad de él.Me parece un hombre inteligente y brillante. Su sentido del humor lo comparto al cien por cien, lo mismo que compartía el de su padre espiritual, Groucho.
    Su última película es una muestra más de inteligencia, humor e ingenio.Lo siento, me gusta práctivcamente todo lo que hace.
    No me importaría nada haber firmado el guión de la película.

    M,
    ¿o sea que perfecta?
    Cuidadito con lo que escribes sobre Woody.Estaré alerta.

  7. Yo leo en silencio, pero me atreveré a hacer unos pequeños alcances o preguntas.

    Me parece interesante ese devenir de ideas, de conceptos o juicios?.. o reflexiones?, no me queda claro.

    Espero Jus, no te sientas atacado porque últimamente me da un poco de susto decirte algo, son simplemente reflexiones.

    La felicidad es para mí (no digo que sea, digo, es para mí) pequeños instantes, destellos más largos o cortos de una emoción de intensa alegría. No creo que la felicidad sea más constante a medida que nos acercamos a una meta de vida ya que esa meta va variando en la medida que se van incorporando nuevos eventos. Los instantes de felicidad aparecen aún en períodos en que uno va caminando de la mano de tiempos negros.
    Bueno, sólo una pequeña intervención a su interesante diálogo.

    Cariños.

  8. M, gracias. Espero que te des-parquees pronto.

    Vecino, no te preocupes. Procuro nunca olvidar lo que has dicho alguna vez. Y aunque quisiera no podría, ya que está todo por escrito y por cantado, para bien o para mal.

    ¿Has recuperado la visión?

    No sé por qué piensas que el hecho de que la felicidad sea un “premio” la coloca en un futuro lejano; algo como la “vida eterna”, el “Nirvana” o el paraíso de los terroristas suicidas musulmanes. No. Es algo tan sencillo (a mi modo de ver) como que has caminado/trabajado mucho, estás sudado, cansado, sucio, hueles mal… entonces te das un buen baño y mientras lo haces y después, te sientes divinamente bien, limpio, fresco, oloroso, más descansado: en fin, feliz en cuanto a ESO. La duración e intensidad de ese pequeño placer/felicidad, el baño, es directamente proporcional a la incomodidad previa. Eso es absolutamente todo. Creo que deberé escribir una entrada sobre esto para explicarme mejor, ya que tenemos meses “estando en desacuerdo” en algo que sé que NO lo estamos en el fondo.

    Entiendo ahora a qué te refieres sobre huír de los problemas. El uso que haces de los pronombres a veces me confunde, v, no siempre.

    Valentía vs temeridad. Cobardía vs prudencia. Fascinante. Da para un blog completo. Son insolubles sin las escalas graduadas de mi amigo el Gran Sabio, en mi opinión.

    Reitero mi agradecimiento sobre el judeocristianismo, aunque no dejo de estar de acuerdo con lo que mencionas sobre las demás.

    No sé si el Sr. Allen sea brillante en otras cosas, pero como guionista lo es, sin duda. No veo por qué tienes que “sentir” el que te guste todo lo que haga. A mí me pasa lo mismo con muchos autores a los que admiro. Me da la sensación de que lo defiendes de alguna clase de ataque que yo no logro ver por ningún lado. ¿Me equivoco?

    Patricia, como siempre he afirmado, mi vecino es un hombre bueno en el fondo, y no necesariamente en el fondo del mar. No le tengas miedo. Ladra y muerde, pero no mata.

  9. K,

    ¿Has recuperado la visión?
    Debo de estar espeso, pero sigo sin entender la pregunta.

    Ya sé a que te refieres cuando hablas de esa felicidad. Yo también la siento. Yo pienso que muchas veces se habla de la felicidad como un objetivo que exige como precio previo castigo, dolor y sufrimiento.No me refiero sólo a cielos y vida eterna.No hay que esforzarse(siempre y necesariamente) para ser feliz.No hay que considerar que cuanto mayor sea el esfuerzo mayor será la felicidad.Esa concepción nos lleva al engaño de trabajar de lunes a viernes para disfrutar el fin de samana, o vivir siempre pensando en los resultados y no en el proceso.Escribir un libro, componer una canción o lo que quiera que uno quiera hacer, eso, debería ser la felicidad. No que luego vendamos muchos eejmplares o quue nos situemos en el top ten.
    vivimos demasiado pendientes de los resultados.Vebndria a ser lo mismo que al que le gusta practicar un deporte y asl final sólo le interesa el resultado final, si ha ganado o no.
    Creo que esta característica de juzgar todo por los resultados está cada vez más extendida.
    Definitivamente no me gusta.
    Si ya ahondamos y hablamos de cielos y vidas eternas, si prestigiamos el sufrimiento y lo hacemos necesario como condición para alcanzar un premio, si hacemos creer a la gente que es culpable y que tien que pagar, arrepentirse y sufrir para redimirse, ya no es sólo que no me guste,es que lo detesto.

    No lo defiendo especialmente. Tal vez sea que suele quedar inconsistente cuando de alguien decimos que nos gusta todo lo que hace. Es lo mismo que pasa cuando nos damos cuenta de que estamos siempre de acuerdo con lo que otro piensa.

    Valentía vs temeridad. Cobardía vs prudencia.
    No paras de darme ideas. Gracias.

    Patricia,
    Soy bueno en el fondo y en la superficie.Ladro y muerdo como los perro que tantto te gustan.¿No se lo perdonas a ellos?

  10. Vecino, yo también sé a qué te refieres tú. Pero yo no hablo de nada de eso, ni puedo creer que pienses que me refiero a alguna de las cosas que odias cuando hablo de la felicidad como “premio”. Yo también las odio. Por los “resultados” tan nefastos que han tenido para la humanidad, por milenios. Hablamos el otro día del no-esfuerzo, como parte del secreto ¿lo olvidaste? No hay desacuerdo, no sabes cómo lo lamento. De verdad, vecino. Lo siento por ti, pero nunca fui tu compañera de polémica. Creo que me confundes con otra persona. Si te hace falta una, tendrás que encontrarla, o fabricarla. De nada. Aún no he sido notificada de mi despido del puesto de Musa. Sólo hago mi trabajo, vecino.

  11. Yo también estoy bien en el acuerdo. Es la armonía, tenderte a dejarnos con cara de bobos lo que no me gusta.
    No hay motivo alguno para el despido.El único problema de las musas es que trabajan sin horario fijo.

  12. Vecino querido, entiendo bien a qué te refieres. Sin embargo, lo de la cara de bobos, también es relativo… yo he tenido unos días muy complicados últimamente (mi querida M. diría “fatales”, a veces me hacen falta sus palabras) y ha sido tanto así que casi no he sacado fotos, ni siquiera me había acordado de espiar la luna, normalmente estoy al tanto de sus fases porque tengo meses persiguiendo una foto que aún no consigo… El caso es que anoche tuve que salir a una hora desacostumbrada, como a las 8:30 PM (a esa hora está todo en tinieblas, al aproximarse el invierno) y me encontré frente a frente con una de las lunas llenas más hermosas que recuerdo haber visto, blanca, grande, redonda… preciosa. Me quedé contemplándola con esa cara por más de un minuto y pensando… hasta que mi chofer vino a ver qué me pasaba y me obligó así a “volver a la realidad”. Recién entonces, pasado el embobamiento, fue que lamenté no tener mi cámara disponible. Esta noche haré el intento, aunque probablemente ya no estará tan perfecta y redonda como la de anoche.

    Sobre los horarios, bueno, tienes razón en parte. Por un lado, dicen que es parte de nuestro encanto. Por otro, sé franco, vecino… te aburrirías como una ostra si fuera de otro modo.

    Sobre el despido, la verdad es que no fue mi idea, sino la tuya y te confieso que muy dolorosa: “No quiero caer en la tentación de hablar de musas y de inspiración.No creo en ellas en absoluto.”

    Me alegra que hayas cambiado de opinión, vecino querido.

    Patricia, [leer en voz bajita] Gracias por pasar por aquí y por tu apoyo a mi situación laboral. Lamentablemente, mi puesto pende de un hilo… ya que se encuentra únicamente en las apretadas manos de mi vecino querido, el inconstante, como la luna….

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