Estética y antiestética

El mundo en que vivimos en este momento, parece uno por completo diferente al mundo en el que nací y viví una juventud muy feliz y aventurera. Y la diferencia no es para bien. Muchas veces he pensado en esto en los últimos años. Es un tema de discusión permanente con mi vecino, uno de los pocos temas en que el acuerdo no parece posible. Porque el cambio principal, desde mis ojos, no está en la tecnología, para mí eso es un avance. No está tampoco en “la preponderancia de la democracia”, ya que considero tal “preponderancia” por completo ficticia. El gran cambio, el retroceso, está en el grado de felicidad al alcance de la mano de cualquier persona.

Esto se refleja de mil maneras en nuestra cultura, en nuestras relaciones, en nuestra cotidianidad. Pero para mí se refleja, sobre todo, en el concepto de la estética, de lo que se considera hermoso y de lo que no. Me atrevo a afirmar que nos encontramos en una Edad de Oro de la Antiestética.

Una de las manifestaciones que encuentro más evidentes es la moda, la ropa que ha estado de moda en los últimos 10 años; no voy a museos ni a conciertos todos los días, pero a diario veo personas vestidas. No me refiero a la Alta Costura, las estrambóticas creaciones de los modistos nunca se hicieron para vestirse, sino para marcar tendencias. En algún momento en los últimos 5 años, luego del penoso intento de recrear los años 60-70 y la moda hippie, ha habido una especie de revival de los años 50-60 donde predominan los diseños psicodélicos con gran profusión de espirales, pero utilizando espantosas combinaciones de colores con predominio del turquesa-chocolate y el rosa-chocolate. Y esto, en algún momento, llegó a encontrarse en todas partes. Las personas compraban esta ropa y se la ponían como si nada. Colocaban manteles en sus mesas con estos colores y diseños y pintaban sus casas con ellos. Creo que nunca en toda mi vida he visto una combinación de color más horrenda, pero no se trata de mi percepción sobre el color. Hay ciertas reglas sobre esto que se han usado durante siglos, existe una teoría del color. Hay reglas mínimas sobre composición, sobre efectos visuales, sobre proporciones que cualquier diseñador o artista conoce.

Podría escribir y dar ejemplos sobre la horripilancia en el vestir durante horas y horas, pero esta no es una entrada sobre modas.

Está la arquitectura, donde los detalles de herrería y ventanas –por ejemplo– siguen esta tendencia decadente. Está la música, está el cine, están las artes plásticas….

Nuestra cultura ha descendido notablemente en su posición en la escala de las emociones. Lo “bello” parece ser, cada vez más, lo que se aproxima a la muerte: alas de ángel, cuchillos y calaveras, disimulados por intrincadas espirales en diseños de camisetas; estructuras cada vez más masivas –que recuerdan a panteones– en las nuevas edificaciones y hasta en el diseño de los vehículos. La sangre, lo roto, lo podrido, lo corrupto son los temas que ocupan espacios cada vez mayores en los intereses y en los gustos de las personas; desde la vestimenta, hasta las conversaciones, desde la música hasta el diseño web, pasando por cada una de las expresiones del arte.

Dicen que nunca es más oscuro que cuando va a amanecer. Puede que sea cierto, pero también es cierto que la “Segunda Venida de Leonardo da Vinci” no es lo que nos va a salvar de esta Edad de Oro de la Antiestética. Por cierto, luego de la película protagonizada por Tom Hanks, no me extrañaría que una parte no tan pequeña de la Humanidad considere ahora a Leonardo como algo muy distinto al creador excepcional que fue y lo asocie más bien con oscuras y viciadas tramas político-religiosas, dignas del programa de televisión Primer Impacto.

Pero lo cierto es que las cosas no cambian por sí mismas. Las cambiamos cada uno de nosotros con nuestra visión, con nuestras acciones y con la falta de ellas. Por ejemplo, un blog, en manos de un artista, es un arma letal de cambio. Insuficiente, por supuesto, pero sucede que la estética es un asunto contagioso y, como la Verdad, tiende a prevalecer. La razón de que las modas sean modas es que alguien las propone y hay millones ansiosos de seguirlas ciegamente. Cada uno de nosotros puede dejar de ser un seguidor y convertirse en el ejemplo a seguir, para empezar…

16 pensamientos en “Estética y antiestética

  1. Empezaremos por un acuerdo: el almendro en flor.
    Tienes razón en que hemos hablado ya varias veces sobre estos temas.
    El gran desacuerdo: no se trata del grado de felicidad sino de poner la felicidad al alcance del mayor número de personas. Nunca ha habido tantos candidatos a la felicidad como ahora. Nunca se había llegado a tolerar que la felicidad es un derecho al alcance de cualquiera. Esto, por si solo, es un avance. Nunca un retroceso.
    Cuando se quiere hallar el grado de felicidad, si esto fuera posible, es obvio que cuantos más candidatos haya la media será menor. También hoy en día los resultados escolares,por poner un ejemplo, son peores de media. No porque la educación sea peor sino porque estudia mucha más gente. Se puede elevar el grado de éxito eliminando a los torpes y problemáticos. No consideraría esta medida muy progresisita.
    La estética se ha abierto a nuevas posibilidades. Esto, en principio, no es malo. Las formas de expresión son mayores. Tampoco lo creo negativo. La posibilidad de expresarse está al alcance de cualquiera. Resultado: mayor variedad, mayor polémica y desacuerdo, menos canon y más controversia. No me parece un precio exagerado.

    La ropa y los manteles si son a veces una ofensa al buen gusto. Tambíen me lo parece la uniformidad en la que hemos vivido durante siglos.

    La arquitectura creo que vive, al menos en su vertiente creativa, una edad de oro.

    La música, he de admitir que aquí sí que mis oídos se sienten muchas veces ofendidos, ha dado un salto cualitativo como cauce de expresión. Pensemos por ejemplo en los músicos del siglo XX que pasarán a la historia y pensemos también en la implicación cultural y social de la música en la actualidad.

    El cine como arte no ha progresado por los avances tecnológicos sino por su capacidad de interpretar la realidad de muchas maneras diferentes. Muchas más que el cine clásico por mucho que a mi me guste.

    Que la posibilidad y los medios de expresión hayan aumentado trae consigo el aumento de la mediocridad. Es nuestra labor buscar entre tanto rosa y chocolate las joyas que brillan. No brillan porque siguen las reglas sino que son fruto de una mayor libertad de expresión.

    Los blogs tienen sentido porque cualquiera puede escribirlos. Ese es el hecho importante no que muchos de ellos sean de usar y tirar.

    Para que cada uno pase de ser un seguidor a ser un ejemplo a seguir hemos de permitir que se exprese. El hecho de oir cantar a Luis Miguel, de publicar a Coelho (perdón Ch.), de ver un bloque de casas de un barrio obrero de Moscú, de tener que aceptar esculturas con títulos risibles, de soportar los cuarenta principlales, los top ten, de tragar que la película más exitosa del año sea Los Albondiguillas atacan de nuevo hace que perdamos el norte y que una desazón llene nuestro ánimo.

    Lo bello, a pesar de las calaveras, no ha dejado de ser un objetivo.

  2. Digamos que fue una dedicatoria tácita.

    Comienzo por el final. Me siento un poco incómoda en la posición de estar recibiendo ánimos (¿o consuelo?) precisamente de tu parte, vecino. No es una sensación desagradable, pero es, definitivamente, inusual. Dudé por casi 10 minutos antes de apretar el botón de publicar y veo que quizá no debí hacerlo.

    Regreso al comienzo. Cuando hablo de felicidad no me refiero en absoluto a la que proviene de cuestiones como buena parte de las que tratan de garantizar, por ejemplo, los derechos humanos. Me refiero a cosas como la sensación de saberse competente en algo, en cualquier cosa, capaz de hacer un trabajo bien hecho, a tener el aprecio y el cariño y el cuidado de los amigos, a recibir respeto y por qué no admiración de los demás, tener algo de aventura en la vida, amar y ser amado (por supuesto) y poder compartir un tiempo mínimo con las personas a las que amamos. A sentirse un padre o una madre orgulloso/a de sus hijos, a ser capaz de afirmar que son su obra maestra. A no ser esclavo de ninguna droga. A ser honesto y fiel a los principios propios, a ser digno de confianza, poder ser un ejemplo para otros….. creo que ya me entiendes. Sin esas cosas (y algunas otras más), una educación en Harvard, atención en las mejores clínicas del país o del extranjero, un palacio por vivienda y la más demócrata de las democracias, no nos harán ni una pizca más felices.

    Tómate a ti mismo como ejemplo. O a mí. Tenemos más libertad de expresión, más educación, más posibilidad de participación política y ciudadana, más tecnología y posiblemente una mejor situación económica que cuando éramos mucho más jóvenes. ¿Somos más felices?

    La educación ha estado decayendo en todo el mundo, sin tregua, desde los años 60, quizá un poco antes. No se debe a que haya más gente, sino a la invasión progresiva de la psicología y la psiquiatría en ese ámbito. Lo mismo que la delincuencia. Lo mismo que las drogas. Yo tampoco consideraría progresista la medida de eliminar a los torpes y problemáticos, sólo dedicaría todos los esfuerzos a aclararles palabras malentendidas. Nada más que eso. Ya se ha hecho con éxito, documentado, en numerosos países.

    Con respecto a la estética, debo confesar que, en general, me refería a lo que veo a diario, en vivo. En la calle. En tiendas por departamentos. Mi ciudad no es en absoluto un centro mundial de convergencia de la crème de la crème del arte y la cultura. Puede que sea como tú dices, desde un punto de vista menos insular, pero no estoy tan segura. Me encantaría que me dieras algunos ejemplos. De este modo mi angustia sería menor.

    Nunca he considerado que la variedad o la ruptura de los cánones sea algo malo per se. Tu le llamas buen o mal gusto. Yo le llamo estética o antiestética. Entre ambos extremos hay mil matices. Mi opinión es que predominan los matices antiestéticos de mal gusto.

    No se trata de ser clásico o no serlo. Recuerda por favor que una vez logré que cambiaras de opinión respecto al Rap. :-) Pero dentro de cada género, hay joyas y hay basura. Como dices al final, siempre habrá artistas, gracias al infinito. Sin embargo, en esta época pareciera que se han ido de vacaciones. La masificación del arte no tiene por qué implicar la mediocridad. Un ejemplo de esto es una expresión que es una maravilla en sí misma: la artesanía, actividad que también está en vías de extinción.

  3. Voto por el almendro también, aunque la verdad es que me gusta más el efecto de las pinturas amarillas y naranjas sobre este fondo.

    Caramba, don Jusamawi, se me ha adelantado usted. Yo venía a consolar a mi amiga, pero llegué tarde. No tengo mucho que agregar a tamañas disertaciones socio-político-estéticas. En principio estoy de acuerdo con Karen, como es natural. Concuerdo contigo en lo irrestricta que debe ser la libertad de expresión, sin importar los productos que eche al mundo. El problema de Luismi podría ser de naturaleza estética, pero el de Coelho es de otra clase, que tiene que ver con el contenido (que me perdone mi hija, también). Las implicaciones sociales y culturales de la música o de cualquier arte no tienen nada que ver con el factor estético. Lo mismo va para tu comentario sobre el cine. Lo que quiero decir es que el que algo sea conveniente socialmente, no tiene por qué conllevar una aceptación de su fealdad.

    Karen, TÚ hiciste que tu vecino cambiara de opinión respecto al…. RAP???? Bromeas. Sobre el descenso del nivel de tono emocional que planteas, tienes toda la razón, pero hay formas y formas de plasmar algo, incluso la muerte. No se puede comparar (por ejemplo) La Momia con El cadáver de la novia, de Tim Burton, en términos estéticos.

    A ambos: ¿por qué demonios hablan de manteles????

  4. K,
    Creo que es imposible separar una cosa de la otra. Hay ocasiones en las que lo cuantitativo y lo cualitativo no tienen nada que ver. El arte es el más claro de los ejemplos. Cuando hablamos de felicidad se me hace imposible deslindarlo. Leo lo que escribes y por supuesto que entiendo lo que quieres decir. Me pasaría lo mismo si hablamos por ejemplo de libertad. Decir que antes la gente era o podía ser más libre nunca será cierto salvo que nos limitemos a un cierto sector de la población. Esto me parece un poco arriesgado cuando tocamos temas esenciales como este de la felicidad. En este caso, desde mi punto de vista, se impone siempre el derecho a ser feliz o la posibilidad de ser feliz.
    En los casos de la educación, la libertad, la felicidad… cuanto más esté aceptado que son cosas que a todos atañen, y no a unos pocos, y cuantas más personas las puedan intuir como posibles me parece que están directamente relacionados con el aumento de felicidad, libertad o educación. La felicidad cuando sólo puede ser de unos pocos no me sirve. La posibilidad de ser feliz, objetivo de todo ser humano, es la magnitud que nos debe servir para medir.

    Otro ejemplo que puede ilustrar lo que quiero decir es de la libertad. Puede suceder que la libertad generalizada nos lleve a resultados no deseados. Esto nunca justificará que un grupo de iluminados decida por los demás y se escude, como siempre suelen hacer, en que ellos velan por el bien de los demás y que deciden por nosotros pra llevarnos por el buen camino.

    Yo puedo ser más infeliz que antes o menos libre y como yo muchas personas. Prefiero esto a que me digan cómo debo ser feliz.

    M,
    El arte por el arte o el arte con implicaciones sociales tienen en ambos casos relación con la estética. La relación entre lo bello y lo bueno es algo que cuando menos merece ser tenido en cuenta. Yo entiendo las dos posturas y las dos puedo defenfer. No son excluyentes. Lo que no me gusta es el arte moralizante. Menos aún los que lo defienden y acusan cualquier cosa que según ellos pervierta a los pobres espectadores.

    La descripción de cosas feas no implica que debamos aceptar la fealdad. El objeto no es la cosa fea en sí misma sino la impresión que nos quiere causar. En la mayoría de estos casos los componentes éticos, sociales o culturales saltan a la vista. De no ser así los poetas sólo hablarían de rosas amaneceres y de la espuma del mar. Por suerte esto no es así.

    • Vecino querido, yo también creo que entiendo lo que quieres decir.

      En primer lugar, estoy 100% de acuerdo contigo en que la felicidad individual no es suficiente. Por supuesto que no. Una persona no puede estar cuerda rodeada de dementes ni puede ser realmente feliz rodeada de personas que sufren, a menos que cierre los ojos, los oídos, el tacto y las otras 53 percepciones. Esto es un hecho comprobable.

      También coincido contigo por completo en que los bienes mayores a veces acarrean males menores y que como tú dices, es un precio justo que hay que pagar.

      A mí no me molesta que me digan cómo ser feliz, pero ya sé cómo serlo. Así que escucho, si hay coincidencia, fantástico y si no, pues no. También depende cómo me lo digan…

      Entiendo a lo que te refieres con lo de los iluminados, aunque creo que no todas las personas que pretenden ayudar a la humanidad (o “iluminarla”) mienten o tienen un propósito oscuro detrás. Creo que hay personas que han dedicado y dedican toda su vida a este propósito y tengan éxito o no, coincidan con mi propia ruta o no, me parece noble y respetable hacer algo más que quejarse y criticar lo malo que es todo. Estas personas tienen toda mi admiración. Estoy segura de que la tuya también.

      Otro acuerdo es que nadie puede decidir por otros. Ni siquiera en el caso de los niños que ya pueden comunicarse y expresar sus puntos de vista (los bebés están fuera de esto).

      M parece pensar que tú consideras que las cosas materiales son las que producen la felicidad. Como si ser feliz fuera equivalente a “tener” e infeliz, equivalente a “carecer”. Yo no lo creo, no creo que pienses esto, creo que podríamos estar perfectamente de acuerdo en que la felicidad tiene más que ver con el “hacer” e incluso el “ser” que con el “tener”.

      Como ya no encuentro ningún desacuerdo, no sé dónde se han ido, te diré que la belleza no significa mariposas, hadas, tiernos bebés con chocolate por toda la cara, fondos rosa, estrellas y corazones…. pero estoy segura que tú no piensas que yo creo una cosa así, vecino.

      [Este comentario fue escrito ayer, en un archivo de texto, probablemente al mismo tiempo que tú escribías el tuyo. Tuve que hacer algo y no pude publicarlo entonces. Me alegra ver que tenía razón sobre lo que yo pienso que tú crees y lo que no, al menos en algunas cosas].

    • Sí que parece asombroso. ¿Dónde se fueron los desacuerdos? Parece que ya no están. Yo ya sólo percibo matices, divagaciones y reflexiones sobre lo dicho que podrían llevarnos más y más lejos. Concuerdo con lo que escribes y aciertas en lo que crees e interpretas.
      Los puntos de vista que parecen inicialmente tan distanciados una vez explicados confluyen. Tal vez no en un acuerdo total pero sí en una comprensión global que hace que las posturas lejanas discurran a veces juntas, a veces paralelas.
      Lo bello y lo feo, lo bueno y lo malo no son abarcables en unos cuantos comentarios. Lo mismo sucede con la felicidad y su contrario. Creo que te entiendo y que me entiendes. Sabes en lo que discrepo y sé en lo que discrepas. A pesar de eso las palabras han unido más que separado. Eso es bueno y bello.

    • Vecino querido, no sé qué hacer… ¡tú me pones en cada aprieto! Si te digo lo que es (que es así como tú dices, que estoy de acuerdo por completo con lo que has escrito y que además me encanta), se “creará un estático” [comprensión total, conocimiento total, verdad y esa clase de cosas] y esta comunicación terminará, por definición: para que haya comunicación debe haber al menos DOS puntos de vista y debe haber distancia en el medio. Cuando se produce lo anterior, la diversidad de puntos de vista y la distancia desaparecen, por lo que sólo puede haber silencio, no-comunicación. Y no quiero que ocurra, así que me siento tentada a decirte una mentirilla, para hacer que la comunicación siga existiendo…. pero no puedo.

  5. Por supuesto que el arte en cualquiera de sus formas y con cualquier motivación tiene que ver con la estética. Karen sólo quiere decir, en buen español, que las cosas son más feas hoy que hace unas décadas. En eso se resumen sus más de 700 palabras.

    Yo digo que en tu afirmaciones “pensemos también en la implicación cultural y social de la música en la actualidad” quieres decir a algo como que la música puede ser horripilante, pero el hecho de que tiene una implicación social y cultural la hace menos fea (ya que has dicho esto al defender el pundo de vista de que la estética de hoy es mejor que la de ayer).

    Y en “El cine como arte no ha progresado por los avances tecnológicos sino por su capacidad de interpretar la realidad de muchas maneras diferentes.”, ocurre lo mismo. La interpretación de la realidad (un factor claramente social y cultural) es algo que no está en cuestión, sino la estética.

    Precisamente, lo que Karen defiende –y yo estoy de acuerdo con ella– es que el hecho que haya una mejoría social NO implica que haya mayor oportunidad de ser feliz. Y me parece que ese es todo el desacuerdo que hay.

    Los sociólogos y sus amigos gritan a los cuatro vientos cosas como que la delincuencia está causada por la pobreza, por “el sistema”, por la desigualdad…. ¡Por Dios! Si esto fuera cierto, todos los pobres del mundo serían delincuentes y los ricos serían una especie de santos a bordo de Mercedes Benz. Para ellos, todos los males humanos tienen su origen en cuestiones sociales, políticas y económicas. Por lo tanto, la solución de éstas, traerán el Paraíso a la Tierra, como canta La Internacional (todavía me la sé, mucho que la canté en mi juventud temprana). Esto, sencillamente no es verdad.

    El ejemplo clásico es el de sociedades Asiáticas y Europeas que tienen todos o gran parte de estos problemas resueltos y que tienen las mayores tasas de suicidio del mundo…. Nadie se suicida por un exceso de felicidad, me imagino que en eso sí estamos de acuerdo.

    Aunque los datos que siguen son de la Wikipedia, odiada por la dueña de este blog, no tengo tiempo para una investigación formal ni tampoco procede:

    El país con la tasa más alta de suicidio (2009) es Lituania. Democracia Presidencial. La Presidenta es una mujer. Antes de integrarse a la Unión Europea (2003) tenía la tasa de crecimiento económico más alta de todos los miembros. Clasificada por la ONU como nación de alto ingreso promedio. Menos del 2% de la población bajo el nivel de pobreza. Etc.

    Segundo país con la tasa más alta de suicidio: Corea del Sur (2009) El mayor de los cuatro “Tigres asiáticos”, tiene la cuarta economía más grande en Asia y la 13ª más grande en el mundo. Clasificado por el BM como economía de altos ingresos y por el FMI como una economía avanzada, cuenta además con un Índice de Desarrollo Humano muy alto, particularmente en materia de educación, el primero en Asia y séptimo en el mundo. Actualmente, está clasificado como el país más innovador, según el Índice Global de Innovación.

    El Tercer país es Kazajistán, república democrática presidencialista. No le va tan bien económicamente como a sus predecesores, pero sí en educación y otros rubros sociales. Le sigue Bielorrusia, tampoco es una potencia económica (y me temo que no lo será mientras siga el modelo económico socialista). En quinto lugar está Japón (sin comentarios). ¡España está en el lugar 68! Los latinoamericanos comienzan con Uruguay (26); Cuba, el paraíso en la tierra de los servicios sociales al alcance de todos (31), Chile (46), Costa Rica (53) y terminan con República Dominicana (91), Perú (94) y Honduras (103).

    No sé a tí, pero a mí me parece obvio que, aunque no con precisión matemática, hay una clara tendencia inversamente proporcional entre desarrollo socioeconómico (felicidad al alcance de más personas, según tu planteamiento) y tasa de suicidio. Cabe destacar también que la proporción de hombres que se suicidan es mayor a 4x respecto a las mujeres, cuando se sabe que los hombres tienen también varias Xs más acceso a los bienes y servicios sociales que las mujeres en todo el mundo.

    Finalmente, una aclaración: entiendo que esto en sí no prueba nada de modo concluyente ni pretende hacerlo. Es, simplemente, un comentario en un blog con algunas cifras sobre un tema que supongo a ambos nos interesa. Además, todavía no se ha inventado el felizómetro. Lo que te muestro es una pincelada que sólo pretende invitarte a la reflexión… y a la reconsideración. :-)

  6. Coincido con Vd., baronesa: vivimos, utilizando sus palabras, en una Edad de Oro de la Antiestética. Es más: se rinde culto a la fealdad. Esta decadencia afecta no sólo a la estética sino a todos los ámbitos de la existencia. Sin belleza, no hay felicidad posible; el hombre ha sido creado para la belleza.

    El cuadro que adorna el texto es soberbio.

    P.D.: Últimamente he estado embebida en la lectura de sus impresiones sobre África. Sus letras han dejado una huella indeleble en mi alma.

  7. M,
    Leo, estudio, considero y reconsidero todos los datos que ofreces.
    Durante años el país con mayor índice de suicidio fue Suecia. De todos es conocido que Suecia es uno de los países con mayor desarrollo social del mundo. Los Suecos viven mejor de media que muchos otros países con mucho menor desarrollo. No digo que sean más felices. El suicidio, desde mi punto de vista, no indica nada sobre la felicidad de los habitantes de un país. Es más, es hasta cierto punto lógico que aquellos a los que les sobra lleguen a plantearse problemas existenciales que puedan derivar, en algunos casos, en soluciones tan drásticas como el suicidio. Los pobres de la tierra no tienen ni tiempo para pensar en estas cosas. Tener las necesidades cubiertas nos puede llevar a preocuparnos por temas de índole más existencial. Los que viven acuciados por cubrir las necesidades básicas buscan refugio en otro tipo de cosas: la religión es una de ellas y la revolución es otra. En la primera buscan consuelo, con la segunda cambiar el estado de las cosas.

    Tener algo al alcance es lo importante. Sigo pensando que el drama de muchos habitantes del planeta es que no tienen a su alcance ni la libertad ni la educación ni mucho menos la felicidad.
    El desarrollo social no nos da la felicidad pero permite que su búsqueda sea posible para mayor número de personas. El subdesarrollo, la desigualdad, la injusticia, la falta de libertad… son evidentes cortapisas a esa búsqueda.

    Yo no hago una ecuación desarrollo social = felicidad. Lo único que me parece obvio es que el desarrollo social ayuda. O dicho de otro modo: Tener que trabajar 14 horas al día sin contrato, sin seguridad social, con despido libre, vivir en un país donde me pueden encarcelar por lo que pienso, no disfrutar de una sanidad universal y gratuita, no poder acceder a la educación, depender de mis hijos cuando ya no pueda trabajar, no tener derecho a elegir a mis representantes,no tener los mismos derechos por ser mujer… es un punto de salida muy lejano a la felicidad aunque no me permita el lujo de suicidarme. Mis responsabilidades son demasiado grandes.

    En el amor, por ejemplo, nada nos garantiza el éxito y la felicidad. Es más, el fracaso absoluto y la infelicidad están tan cerca como su contrario. A pesar de todo, todos preferimos poder intentarlo arriesgarnos y elegir.
    Lo mismo sucede con la felicidad. Lo importante, la condición básica es que podamos satisfacer nuestras necesidades, sean estas las que sean.
    En ambos casos lo que no es de recibo es que tengamos trabas de la índole que sea.

    Zambullida,
    ¿No es un poco sospechoso que esta supuesta decadencia sea algo que se ha planteado en todas las épocas?

    ¿De verdad consideras que el siglo XX representa una edad de oro de la antiestética?

    Confundimos, creo, una apertura del arte a campos y objetos de estudio más amplios y menos canónicos con un distanciamiento de la belleza como eje central de la búsqueda artística.

    Tendemos, creo también, a caer siempre en la idealización del pasado al ser demasiado conscientes de los problemas del presente.

    • Yo también pensaba que era Suecia, pero preferí asegurarme y ¡Oh sorpresa! son los países de Europa del Este.

      Acabo de tener una discusión frustrada, me alegra encontrar otro espacio donde poder hacerlo.

      1. ¿Podrías, por favor darme un ejemplo de “un problema existencial” que se plantee alguien a quien todo le sobra y que NO se plantee alguien a quien todo le falta? Sé que esto se dice y se repite, pero no me parece algo que tenga ninguna base en la realidad, mucho menos en la lógica, como lo planteas tú.

      2. “Los pobres de la tierra no tienen ni tiempo para pensar en estas cosas.” Por Dios! Si son tan pobres es que no tienen trabajo (entre otras cosas) y eso hace que tengan DEMASIADO tiempo.

      3. Otro “refugio” que olvidaste mencionar es el alcohol y las drogas. Es un mito que estas son cosas de ricos.

      4. En cuanto a tu tercer párrafo, tendré que creerte (y a tu vecina) el que no haces tal ecuación. El país que pintas es el infierno, I agree. Ahora bien, si dos personas viven en ese infierno y la primera no hace absolutamente NADA para mejorar o cambiar su país, excepto quejarse y ser una pobre víctima, estoy de acuerdo, será una persona extremadamente infeliz; si la segunda persona trabaja en algún tipo de resistencia u organización que tiene el propósito de cambiar este estado de cosas, si tal organización avanza y va teniendo ciertos logros, será una persona bastante feliz, aün su vida esté en riesgo (no sería la primera vez). Claro, no sería el tipo de felicidad etérea con mariposas revoloteando a su alrededor y con fondo de música New Age, pero sí sería el tipo de felicidad que nos embarga cuando estamos siendo lo que somos en escencia: Causa, no Efecto. A riesgo de parecer necia, reitero que la felicidad es acercarse a una meta, cualquiera que sea. Ni siquiera lograrla, sino saber que NOS MOVEMOS en dirección a ella. El tamaño de la meta determina la cantidad o intensidad de la felicidad.

      5. Tu comentario sobre el amor confirma lo que acabo de escribir.

      6. Dices que la condición básica es que podamos satisfacer nuestras necesidades, sean las que sean. Podría estar de acuerdo con esto, con una pequeñita precisión: siempre y cuando esta satisfacción sea forjada por uno mismo de algún modo. La satisfacción que cae del Cielo, no produce la felicidad.

    • 1- El problema existencial por excelencia es aquel que se plantea cuando pensamos que no tenemos nada por conseguir. Es diferente a pensar que no podemos conseguir nada. El primer caso nos lleva al vacío existencial. El segundo a la desesperación. El primer caso se da cuando creemos carecer de motivos para luchar. En el segundo nunca faltan los motivos.

      2- Los pobres del mundo trabajan mucho más que los ricos. Además lo hacen en condiciones mucho más penosas.

      3- Las drogas son el refugio de ricos y pobres. La causa que lleva a ellas sigue siendo diferente y está relacionada con lo que digo en el primer punto. En un caso es por hastío y en el otro por la falta de expectativas.

      4- Nada que oponer

      5- Exacto

      6- Ninguna satisfacción cae del cielo. Es de tontos esperar que así sea. Pero eso no quita que luchemos porque exista una igualdad de oportunidades y que las condiciones sean iguales para todos. Si mi vida consiste en lamentarme no conseguiré nada. Esto es criticable. Mucho más lo es escuchar lamentos o ser la causa de ellos y no hacer nada tampoco.

    • 1. Si es como dices, estoy de acuerdo en que los ricos no tienen que preocuparse (tanto) sobre cómo conseguir lo necesario, pero igual se preocupan y sufren (sí, sufren, te lo juro!) por cosas relacionadas que a los pobres no les preocupan, como la posibilidad de perder lo que tienen, de diversas formas y también por no poder alcanzar cosas que ahora se les antojan, que los pobres ni saben que existen, como la conservación criogénica de sus cuerpos y otras estupideces similares que denotan que aún siendo muy ricos, NO TIENEN IDEA de nada parecido a una búsqueda existencial.

      Sobre el sentido de la vida, no veo cómo esa búsqueda existencial por excelencia, como afirmas, pueda ser prerrogativa sólo de los “ricos”. Ese es un argumento de las ciencias sociales sin más base que la opinión de quien lo escribió por primera vez para intentar justificar algo injustificable. Luego se ha propagado como se propagan todas las sandeces, a alguien le gustó (o le sirvió para justificar alguna otra cosa injustificable y lo repitió y así sucesivamente). El ser humano es ser humano con absoluta independencia de sus posesiones o la falta de ellas.

      2. No lo sé. Esta es una cuestión de estadísticas y yo no dispongo de los datos. Mi opinión se basa en mi observación de primera mano de los ricos y los pobres que conozco. Además, habría que ver dónde. En los países que cuentan con un “buen” sistema de Seguridad Social, por ejemplo, hay millones de “pobres profesionales” que viven a costillas de los “malvados” ricos que pagan al menos parte de sus impuestos y que trabajan y producen para ellos y, quieran o no, para los pobres. Esto ocurre hasta en países como el mío actualmente. Tenemos, por ejemplo, una de las tarifas eléctricas más caras de la regieon y la luz que yo pago mensualmente le está pagando el subsidio al menos a otras 2 familias que “no pueden pagar” pero que consumen, con toda seguridad, igual o más que yo. Y así con muchísimos otros servicios y bienes. Además, habría que definir “trabajar” y “producir”. Lo de las condiciones penosas, naturalmente estoy de acuerdo, al menos en general.

      3. Podríamos decir que la infelicidad lleva al consumo de drogas, para anestesiarse y estaríamos de acuerdo.

      4. WOW!!! En serio???? No lo creo, me pellizco a ver si estoy soñando. ¡Me parece fantástico!

      5. :-)

      6. ¡Por supuesto que sí cae del Cielo! Me refiero a cosas como los subsidios. Y caen del cielo la solución de problemas que resuelve alguien más a quien se ha designado como responsable de lo que nos ocurre, aunque sea NUESTRA responsabilidad. Estoy de acuerdo en que debe haber igualdad de condiciones, pero voy más allá. Debe premiarse, no castigarse la producción (como con los impuestos). Y debe castigarse, no premiarse la no producción (como con la SS). Si fuera así, obtendríamos producción. Y todos estaríamos mejor. Si premias lo que está mal… ¿qué obtienes? Más mal. ¿Y si castigas lo que está bien? Lo mismo, más mal. Lo creas o no e independientemente de los discursos socialistas, estamos al revés, en todo el mundo.

  8. M, tu capacidad de síntesis es asombrosa, no cualquiera puede resumir con éxito 739 palabras en 10. Yo no “odio” a la Wikipedia. Es útil en algunos temas, en otros es sesgada y desinformativa y en otros es extremadamente confusa. Eso es todo. Gracias por los datos demográficos que das (aunque no estoy segura si a los suicidios debería llamárseles anti-demográficos). Tampoco estoy segura de que el felizómetro no se haya inventado aún. Tal vez no es una regla, ni una balanza, ni un Contador Geiger, pero definitivamente hay indicadores que a través de una buena comunicación con alguien salen a la luz con bastante facilidad.

    ¡Hola Zambullida! Ya te estaba extrañando, querida. Debo, lamentablemente, estar de acuerdo contigo sobre el culto a la fealdad. Sobre mi libro, estoy en este momento leyendo una hermosa edición ilustrada (en inglés) que me regaló gentilmente un admirador hace unos meses. Con toda seguridad terminarás mucho antes que yo. Un abrazo para ti y gracias por tus palabras.

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