El drama de la página en blanco

Por M

Karen me ha pedido hacerme cargo del blog por un corto tiempo mientras ella atiende ciertos asuntos personales. Así que aquí voy… espero estar a la altura.

Para empezar, no estaba segura del tema; la orientación de Karen: “escribe lo que quieras” no fue demasiado orientadora, la verdad…. así que decidí escribir sobre mi problema más inmediato: Sobre qué escribir cuando no se nos ocurre nada.

Es posible que un blogger novato se pregunte (especialmente si es muy joven): “Bueno, ¿y por qué hay que escribir cuando uno no tiene nada que decir? ¿No es mejor que estas cosas ‘salgan’ de manera natural y simplemente se hagan cuando sentimos deseos o necesidad de hacerlas?” La respuesta corta es No. No es mejor.

Particularmente, siempre he encontrado fascinante la palabra oficio. Me gusta su sonido, me gustan sus implicaciones autodidácticas, me gusta su relación con lo que es una vocación (o una pasión, en mis términos) y con aquellos oscuros y románticos talleres del Renacimiento, que olían a pigmentos y disolventes, donde se forjaron obras de arte que nunca jamás podrán ser igualadas.

La palabra, proviene del latín opificium —> officium : Opus + facere. Opus es OBRA. Facere es HACER. Más claro, el agua solamente.

Escribir en un blog es un oficio y como todos los oficios bajo el sol, no es para todo el mundo, no importa cuán de moda pueda estar. Escribir en un blog es algo que uno hace. Es algo de lo que uno se ocupa. Y, al menos en sus comienzos, lo hace por puro y genuino amor al arte. El que los bloggers no tengamos que marcar tarjeta al llegar y salir, el que no nos paguen por este trabajo, a mi modo de ver aumenta, no disminuye la responsabilidad que se asume al abrir un blog público (los privados son algo diferente).

De lo anterior se desprende que un blogger que publica de cada año un día o solamente cuando se levanta “inspirado” no está realmente escribiendo en un blog. Está haciendo otra cosa.

Y esa es la razón de por qué, tarde o temprano, todos los bloggers nos enfrentamos al drama de la página en blanco. A esa desagradable sensación de saber o sentir que debemos escribir algo que no sabemos lo que es.

Yo no puedo decirte de dónde sacar ideas. Porque la verdad es que las ideas no “se sacan” de ningún lado, ya que no “están” en ninguna parte esperando ser descubiertas o cosechadas.

Cuando era muy muy joven leí un libro llamado “Uno”, de Richard Bach. Me impactó mucho en aquella época. En él, el autor planteaba una hermosa metáfora en la que las ideas surgían de una especie de fábrica, bastante mística, aunque más parecía un laboratorio químico por la descripción. Es una hermosa metáfora, pero no es cierto. O al menos no es cierto que el laboratorio se encuentre en otra parte que no sea tu propio centro. Sí, el centro de ti. De lo que eres en realidad: un creador de ideas, de pensamiento. Eso ES lo que somos.

Tú creas tus ideas a partir de nada o a partir de algo, como prefieras. Tienes tu própio “método” para hacerlo, siempre lo has tenido. Tienes todo el derecho y la capacidad para crear y ensayar otros métodos, probarlos, adoptarlos, adaptarlos o desecharlos. Por ejemplo, conozco varias personas que comienzan a escribir ideas sueltas o elaboran un esquema o esqueleto antes de escribir una entrada. Otras, leen sin parar lo que escriben otros bloggers “para inspirarse”.

Personalmente, nunca he podido hacer eso y mira que lo he intentado, lo de los esquemas. No puedo. Lo que hago es sentarme al teclado y simplemente comenzar a escribir. Considero que estoy hablando contigo, seas quien seas, por supuesto que previamente hay algo que quiero contarte o informarte o transmitirte y, bien o mal, voy y lo hago y eso es todo. Me gusta escribir en segunda persona. Karen tiene un “método” parecido al mío, pero ella es mucho más prolija, reestructura, corrige y cambia mil veces su entrada y le toma bastante tiempo dar un escrito por terminado.

Volviendo a la fuente de las ideas, pues soy yo misma. Eso es algo que tengo muy claro hace ya bastante tiempo. ¿Se agota la fuente de vez en cuando? Pues sí, pero no por mucho tiempo. La verdad es que no tiene por qué agotarse por más de….. ¿a ver…? dos minutos. Sí, creo que dos minutos es un plazo razonable, probablemente excesivo.

Algo muy diferente es no tener ganas de escribir. A veces, los bloggers confunden ambas cosas, falta de ideas con falta de ganas.

La falta de ganas es algo completamente diferente. Cuando no se debe a algo físico (como estar muerto de sueño, de hambre, de cansancio o enfermo), tiene que ver con haber recibido más golpes que premios de la vida o haber perdido más juegos que los que hemos ganado últimamente. Cuando esto sucede, no sólo no queremos escribir. No queremos comunicarnos en absoluto, tampoco es que tengamos tantas ganas de vivir, si llamamos a las cosas por su nombre.

Para esto, el único remedio es recobrar el propósito, inventar un nuevo juego y volver a la carga. No hay otro. Y es bueno hacerlo ANTES de escribir una entrada (o un comentario) por obligación. Nuestros lectores no se merecen una entrada por obligación. Nosotros, menos.

3 pensamientos en “El drama de la página en blanco

  1. M. muy buena nota, mejor dicho buenísima. Recorriste todo el camino de lo que sucede en algunas oportunidades, tan claro como el agua…
    Gracias y queda en buenas manos el blog de Karen, de verdad…
    Un saludo cariñoso para K. y para ti…
    C.

  2. Muchas gracias, Carlos. Le he dado tus saludos a Karen. Espero que pienses lo mismo en las próximas entradas, me extra-esmeré en ésta, si supieras… Karen tiene unos estándares bastante altos. :-O Un abrazote para ti.

  3. Yo pienso que sobrepasas la talla, querida, lo cual no debe sorprender a nadie. Es cierto que nuestros métodos se parecen, pero muchas veces yo me veo obligada a usar el protocolo del esqueleto a fin de hacer una entrada lo suficientemente corta y didáctica. Nadie nunca nos prometió un jardín de rosas. Son, todas estas cosas, simples gajes del oficio.

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