Sobre mis manías y rarezas

Flori es una bloggeresa privilegiada. Tiene un don especial, el de propagar cosas que no abundan demasiado en nuestra sociedad “moderna”: la dulzura, el interés por los demás, la belleza, la calidez, cosas como esas. No hay forma en que puedas pasar por su blog y salir de allí sin una sonrisa. Flori ha puesto a mi blog en su lista de blogs inspiradores, lo que es un gran honor para mí. Pero junto con el honor, ya que se trata de uno de esos premios que se multiplican, me pide que lo comparta con otros diez bloggers que me inspiran.

Esto de por sí es algo tremendamente difícil. Primero porque no tengo diez blogs que me inspiren. Y la principal razón es que la gran mayoría de mis entradas no son “inspiradas”, ya que se trata en general de cuestiones técnicas, frías y mecánicas: tags, blogrolls, widgets y páginas en WordPress. Para otra clase de entradas sí tengo, sin embargo, un muso particular y es mi vecino querido; lo ha sido desde que leí una entrada suya por primera vez, hace ya décadas, y sigue siéndolo hoy como el primer día.

La segunda tarea que viene con el premio es algo aún más difícil: el blogger debe escribir sobre sí mismo, específicamente sobre cinco de sus manías y rarezas. Nunca lo he hecho y pensaba que nunca lo haría, pero leyendo a Flori me dije “— Espera un momento… esto es algo nuevo, sobre lo que NUNCA has escrito, es el tema perfecto para la entrada que deberías haber publicado ya hace más de un mes atrás!” Me escuché, sonreí ligeramente y no sin cierta resignación, accedí.

La primera manía y rareza que tengo es que me apasiona la taxonomía botánica. No es que el tema sea extraño en sí… bueno, de acuerdo, es un poquito fuera de lo común, pero lo que lo hace realmente extraño es que no tiene nada que ver con mis estudios formales ni con lo que siempre hice hasta hace unos tres años atrás: soy escritora, soy maestra, traductora y correctora de estilo, me gano la vida en esos campos. La taxonomía botánica es como si un bicho me hubiese picado (mientras paseaba muy a gusto por flickr una tarde soleada de abril) y desde ese instante, se vuelve por momentos casi una adicción.

La segunda manía que me caracteriza –posiblemente sea una deformación profesional, aunque debo decir en mi favor que he descubierto que no es una rareza para nada; conozco a más de un blogger que padece la misma afección– es corregir interminablemente lo que escribo. No tanto en las entradas de mi blog, sino en la literatura. Hay un cuento en particular que lo he reescrito unas 17 veces, para darte una idea de lo que quiero decir. Lo comencé a escribir hace como cuatro años ¡y todavía no lo termino! Escribo y voy corrigiendo a medida que escribo. Luego reviso lo escrito tres o cuatro veces y voy cambiando y corrigiendo. Entonces publico y vuelvo a leerlo otras cuatro o cinco veces más y a cambiar y corregir… A veces las tres, cuatro o cinco veces se vuelven ocho o nueve o diez… ya entiendes a qué me refiero.

La tercera manía es la fotografía. Es más una obsesión que una manía, pero pienso que para los fines, sirve. Me entra una desesperación bastante maniática si veo algo que pide a gritos “¡dispara, dispara!” y no llevo la cámara conmigo. Entonces echo mano de mi móvil, aún sabiendo que sufriré lo indecible cuando llegue a casa y compruebe que las fotos son impublicables.

De la cuarta manía u obsesión no estaría consciente en absoluto, si no fuera el tema principal de las bromas de M, mi mejor amiga. Según ella, soy maniática respecto a los modales, a la elegancia y a esa clase de cosas –totalmente obsoletas en estos tiempos, en su opinión– que caracterizan las cortes y otros espacios en los que ni ella ni yo jamás hemos puesto un pie. Pienso que M exagera, como de costumbre, pero sí reconozco que sufro bastante frente a la vulgaridad y la falta de educación y de modales, cada vez más extendidas, por desgracia, en nuestra sociedad. De ahí a que esto sea una manía…. no estoy muy segura, pero lo he colocado en la lista porque, bueno, se me acaban los ejemplos.

Mi quinta manía (obsesión), que no rareza, es sin duda alguna el chocolate.

Luego de estas confesiones, de las que yo soy la primera sorprendida, espero que me cuentes cuáles son las tuyas.

11 pensamientos en “Sobre mis manías y rarezas

  1. Mi estimada Karen, lo que me encanta de estos premios es que terminamos conociendo un poco más a la persona que se encuentra del otro lado del ordenador. Y bueno comparto contigo cierto grado de la segunda manía solo que para mi llega a convertirse en una enemiga porque me roba la espontaneidad, la tercera manía me causo mucha gracia, porque ayer justamente hice lo mismo, tome una foto con el celular y luego vi que era inservible… A los modales les doy también quizá demasiada importancia.
    Y el chocolate será para otros también una obsesión? para mi lo es…
    Lo que si es una rareza es la primera manía que mencionas, lo que me lleva a curiosear tu galería en flickr, que de más esta decirte es una obra de arte.

    Sabes, me encanta la manera como hablaste de ti en este post, como ves, admiro tu manera de escribir, y por eso eres una gran fuente de inspiración para mi. Gracias también por tus palabras.

    Un abrazo afectuoso.

  2. Karen, esto es lo más extravagante que te he leído en toda mi vida. Me he quedado boquiabierta, te lo juro. Luego del shock inicial, pues no me queda más que quitarme el sombrero… bueno, yo no uso sombrero; tú eres quien lo hace… por cierto esta es una manía y una rareza que no mencionaste, tu colección de ¿cuántos van? ¿27 sombreros? ¿22?, bueno, el caso es que simbólicamente me quito el sombrero ante esta entrada, querida. Me encantó, especialmente por esa desinibición tan poco característica de ti. Ah, y no te preocupes para nada, todo el mundo sabe que si algo es común a los miembros de la nobleza y de la rancia aristocracia ¡es la excentricidad, jajaja! ¡Ah! Tengo que llevarte mi último descubrimiento, por aquello de nuestra obsesión compartida (la única): Helado de chocolate-maple. Una auténtica maravilla incomparable, especialmente en medio de la ola de calor que nos envuelve pegajosamente. Mañana a las 5 en punto, Baronesa. ;-)

    PS: En respuesta a tu pregunta (aunque naturalmente, ya tú conoces todas mis rarezas, obsesiones y manías): 1. Obsesión: El chocolate y las galletitas (a partes iguales). 2. Manía: Lo que a ti te pasa con la corrección me pasa (aunque creo que no llego a niveles patológicos) con el diseño y la tipografía, puedo hacer y rehacer un diseño ad infinitum, especialmente si nadie lo está esperando. 3. Obsesión: Sting. 4. Manía: La limpieza, particularmente en la cocina, me vuelve loca ver algo que no brille con 400 watts al menos. 5. Rareza: El espionaje.

  3. Honrado me siento de ser el destino del único link de esta entrada. Entrada, coincido con M, sorprendente. Me gusta, por otro lado, que un blog como el tuyo donde tanta gente viene en busca de ayuda para encontrar respuestas a sus problemas con este mundo de teclas y letras se lleve además de las respuestas de una experta, el regalo de reflexiones, fotografías y, como en este caso, una lista de rarezas, obsesiones y manías.
    Es una contradicción que maníáticos obsesivos como yo, que pasamos la vida intentando echar a estos enemigos de nuestro lado disfrutemos, al mismo tiempo, al hablar y leer sobre las manías propias y ajenas. Creo que, en el fondo, las consideramos como algo que nos da cierta particularidad. Son como marcas de la casa que lo mismo que nos hacen sufrir, nos hacen singulares. Vienen a ser lo mismo que una nariz un poco grande, escribir con la izquierda o ese lunar que todo el mundo tiene escondido en algún lugar.
    Todos buscamos tener señas de identidad. Las manías, rarezas y obsesiones pueden ser unas de ellas.

    1. Yo sólo puedo dormir si tengo una botella de agua a mi lado.
    2. Tengo que llevar los cordones de los zapatos exactamente igual atados (me refiero a la presión no a la forma)
    3. Una línea recta es una recta. El menor desnivel me descompone. Piensa por ejemplo en un cuadro levísimamente torcido.
    4. Cuando sigo leyendo un libro tengo que leer primero la página anterior ( que por supuesto ya había leído antes)
    5. Guardo las cosas no una vez sino varias.
    6. No puedo mirarme en el espejo de las tiendas de ropa. Me compro la ropa a ciegas. Más tarde, una vez en casa, y a cierta distancia, compruebo en el espejo conocido el acierto o no de mi compra.
    7. Con gafas de sol me siento invisible y actúo como si lo fuera.
    8. A pesar de odiarlo, reviso la alarma del despertador unas quinientas veces antes de sentirme razonablemente seguro de que me despertará a la hora adecuada.
    9. Acabo todos los libros que empiezo. No importa si me gustan o no.
    10. Cuando bebo un vaso de agua debo acabarlo. soy incapaz de dejarlo a medias. Depende del tamaño del vaso, esto, a veces, me crea problemas.
    11. No me gusta hablar por teléfono, no me gustan los encuentros por la calle, se me olvidan los cumpleaños, si el ascensor está habitado, bajo por las escaleras… A pesar de todo esto algunas personas me consideran muy sociable.
    12. A pesar de que gustaría escribir algo perdurable, me empeño en escribir con lápiz.
    13. Siempre me propongo dormir más pero cada vez duermo menos.
    14. Las casas de ciudad me gustan de noche. Las de campo, de día.
    15. Me gustan los animales pero no muchos de sus dueños.
    16. Me gusta el orden pero no algunos ordenados.
    17. Me gusta la limpieza pero no la pulcritud.
    18. Condenaría a la pena capital a los que hablan en alto en un lugar tranquilo.
    19. Cuando cocino nunca pruebo la comida antes de servirla. El resultado puede ser catastrófico.
    20. Después de una vida de dudas y desvelos he decidido que prefiero el arroz a la pasta.

    … (Podría seguir durante horas pero de ser así acabaría pareciendo mi blog en vez del tuyo).

    Estas son algunas de las singularidades que aún permanecen conmigo. De otras ya he hablado en varias ocasiones. De otras muchas creo haberme desembarazado. Es largo el camino que aún tengo por delante.

    • Bueno, estos han sido días de sorpresas. Debo darte las gracias porque hacía mucho que no me reía de tan buena gana. Una experiencia refrescante sin duda. :-) Debo comentarte también, en la más estricta confidencialidad, por supuesto, que no deja de impactarme lo opuesto de los temperamentos de K y mío… por alguna razón que para mí es completamente insondable, a ella se le aguaron los ojos al leer tu comentario y hubo de echar mano de su pañuelito de lino holandés con encajes para enjugarse discretamente una que otra lágrima mientras leía. Sólo Dios sabe en qué estaba pensando. Sin embargo, no debes preocuparte, también sonrió y rió con ganas. Las emociones humanas son algo que nunca deja de sorprenderme. El por qué numeró tus obsesiones es otro misterio para mí. Supongo que algo trama. En otro orden, ninguna nariz puede ser lo suficientemente grande. Ayer vi Misión Imposible 4 y veo que la de TC sigue creciendo, como sucede con todas. Y él sigue (en parte por eso) siendo (y no sólo para mí) uno de los hombres más atractivos del planeta Tierra.

  4. Flori, querida, por su origen, la palabra manía nunca me ha gustado, tampoco obsesión, por el mismo motivo; prefiero usar “peculiaridades”. Despues de leer los comentarios en esta entrada, compruebo lo que ya sospechaba, esas cosas que aparentemente nos califican para seguir engrosando las cuentas bancarias de los siquiatras son mucho más comunes y extendidas de lo que pensamos. Aquí entre nos, no creo que pueda dársele “demasiada” importancia a los modales. A nada que tenga el poder de fomentar o entorpecer la creación, la destrucción o la reconstrucción de una línea de comunicación o incluso de una relación puede dársele “demasiada” importancia. Un abrazo para ti también y gracias de nuevo por inspirar esta loca entrada.

    M, los sombreros son apenas catorce, ¡eres TAN exagerada! además, sabes bien que no tengo espacio para más. Lo mismo con el comentario confidencial a mi vecino… no sé que va a pensar ahora, pero bueno, confío en que nos conoce a ambas lo suficiente como para sacar sus propias conclusiones. El helado estuvo divino, nunca hubiera imaginado esa combinación, pero lo cierto es que es magnífica… ahora que lo pienso un toque de café (o quizá Kahlua y crème fraîche) ciertamente podría hacerla aún más exquisito. Sobre tus manías, creo que eres autoindulgente; tu gracia salvadora es que yo soy incapaz de cometer la clase de indiscreciones que tú tanto disfrutas.

    Vecino querido, por favor ignora las “revelaciones” de M, ya la conoces, no sé de dónde puede haber sacado esas absurdas ideas, especialmente porque el hilo (no lino) holandés hace décadas que no se encuentra en el mercado. No puedo evitar sonreír acerca de tus peculiaridades (no sé por qué me traen a la mente aquello del poliglotismo encantador…) y al mismo tiempo, compruebo no sin cierto espanto, que comparto varias de ellas, quizá demasiadas. Me veo, además, en la dificilísima posición de no saber si comentar las similitudes, como había pensado inicialmente (para lo cual las numeré), ya que esto podría robarte esa sensación inigualable de “uniqueness” pero también podría contribuir a que te sintieras menos un “bicho raro”, que naturalmente jamás se me ocurriría pensar que eres. Como no logro predecir lo que ocurriría y así resolver el dilema, diré apenas que una de las cosas más raras que he sabido de alguien son tus manías 9 y 10. Aunque me imagino que no se extienden a cada cosa que comienzas, dicen de ti mucho más de lo que piensas, para bien. Por otra parte, y dada mi supuesta obsesión con los modales, me es por completo imposible evitar comentar (y mira que lo intenté) mi más profundo acuerdo con la número 18, eliminando, incluso, en el caso de las voces chillonas, las cuatro palabras finales, quizá las últimas seis…. En general, vecino querido, acabamos desembarazándonos, de una u otra manera, de aquello que queremos liberarnos. Me alegra saber que no eres la excepción.

    Zambullida, muchas gracias. No me cabe la menor duda de que las similitudes son numerosas y, afortunadamente, no sólo en cuanto a manías. Me pregunto si has probado el chocolate amargo. ¿Y al estilo Azteca, con chile? ¿O un inigualable mole poblano? NO tiene que ser dulce en absoluto, el cacao de hecho no lo es, luego de tostado es ligeramente amargo. ;-) Un beso para ti.

    • Me gusta el chocolate belga, pero puedo vivir sin él. A veces me compro chocolate amargo, con poco azúcar y más cacao, porque sé que es bueno tomarlo de vez en cuando, pero se me acaba olvidando y estropeando. En invierno, me gusta mucho el chocolate (líquido, en taza) con churros.

  5. M,

    Curioso que en un comentario sobre manías y obsesiones salga a colación el, parece ser, narigudo TC. No está mal el chico pero de ahí al pedestal al que le subes…

    Sonrisas y lágrimas es una película que me parece bastante cursi. El título, sin embargo me gusta y me gusta también, exageres o no, haber provocado
    ambas cosas.

    K,

    Ignoraré lo que haga falta. El poder de creernos únicos o de otorgarle esa unicidad a personas que nos importan es difícil de quitar. No importan las similitudes que pueda haber. No importa que nadie más que tú vea lo peculiar. El hecho es que no podríamos vivir en sociedad si no distinguiéramos a unos de los otros. La inteligencia o la belleza establecen diferencias. Éstas, sin embargo, no nos hacen sonreir. Mirar siempre debajo de la cama o rascarse simétricamente pueden causar en nosotros un gran impacto cuando esto lo hace alguien que nos importa. Estas cosas crean intimidad. Por eso nos cuesta tanto desembarazarnos de ellas,

  6. Karen, es cierto, mi lista bien podría ser más larga que la de tu inefable vecino, pero hasta cierto punto ¡tengo una reputación que mantener! Por cierto, ya que las has numerado y como a mí no me preocupa herir sus frágiles sentimientos, te diré que de ellas,

    reclamo como propias la 3 y la 4.

    Me atrevo a decir que también la 6, ya que sé que exagera y usa sus clásicos recursos literarios y no es que no se mire (ya que no está demente por completo), sino que le desagrada profundamente hacerlo. Bueno, en realidad, la compartía durante mi juventud. Actualmente no me molesta (tanto). Me imagino que también, igual que yo, evita por todos los medios la ropa a la medida, por aquello de las medidas, las pruebas, los alfileres y los manoseos, ah, y los espejos, naturalmente. Igual con las fotos, seguro que hace algunas décadas en cuanto una cámara hacía su entrada se le activaba el sensor y rápidamente desaparecía detrás de una puerta, de un árbol o hasta debajo de la mesa, pero como a los adultos no se nos permiten esa clase de actitudes, se limita a entrar en rigor mortis mientras le apuntan.

    Si yo no tuviera una genuina capa de invisibilidad (fabricada por los elfos), probablemente me apropiaría de la 7, debo reconocer que es genial, especialmente en los zoológicos.

    La 11, pero atenuada. No me gusta hablar por teléfono (reviso mis mensajes una vez al mes o algo así), en general, no me gustan los encuentros por la calle (porque al contrario de ti, casi nunca recuerdo el nombre de la persona y para mi deshonra, del mío nadie se olvida una vez que logra aprendérselo), se me olvidan los cumpleaños (por eso uso agendas y reminders de las especies más variadas), si el ascensor está habitado, quisiera estar lo suficientemente loca como para bajar por las escaleras pero no lo hago: contengo la respiración hasta que llego a la planta baja. Todos me consideran muy sociable… especialmente gracias a los reminders.

    13, 16, 18 y 19 (casi nunca).

    :-O Debo revisarme seriamente.

    J, en momentos como estos es que echo de menos mi blog. Habría escrito un post titulado: Lo que hace de TC uno de los hombres más atractivos del planeta Tierra…. yo no lo he puesto en ningún pedestal, ya estaba ahí cuando llegué, eso es un hecho objetivo y comprobable. Lo que me diferencia del resto de sus fans es que yo sé los cómos y los porqués.

  7. ¡Qué divertido! He estado leyendo los comentarios y yendo de arriba para abajo viendo cuáles eran los puntos 3,4, el 15 o el que fuese… me ha recordado a los viejos tiempos en el jardín.
    Pensando en mis manías o rarezas, me he reído un montón porque algunas coinciden con lo que otros habéis dicho pero otras son justo lo contrario. Hay cosas que uno hace siempre de una manera determinada sin saber muy bien por qué.

    1.- Suelo colocar las tazas en el mueble siempre de la misma manera (son tazas normales, no juegos de té ni nada por el estilo).

    2.- Cuando cojo un libro si me gusta lo leo, sino lo dejo (por supuesto).

    3.- No puedo irme a la cama sin pasar antes a darles un beso a Bruno y a Darío.

    4.- Cuando llego de la calle cuelgo el bolso en el pomo de la puerta del comedor (“¿qué trabajo te cuesta llevarlo a su sitio”? dice Iña).

    5.- Cuando tiendo la ropa suelo poner una pinza amarilla a la derecha y una verde a la izquierda (cuando se acaban las de ese color pongo otras, pero mientras lo hago de esa forma).

    6.- No me gusta escribir con boli rojo, con negro un poco más pero si puedo elijo el azúl.

    7.- No sé montar en bici (esto lo considero una rareza).

    8.- No puedo evitar llorar con la canción de Lucía de Serrat.

    9.- Puedo ver infinitas veces seguidas el número de Cantando bajo la lluvia y cada vez verlo más alucinante.

    10.- A veces cuando voy sóla en el coche me gusta cantar a toda mecha la canción que esté sonando en la radio.

    En fín hay muchas más claro… pero tampoco es cuestión de aburrir al personal.
    M. Yo también he hechado de menos tu blog leyendo esta entrada. Me gusta conocer pequeñas cosas de cada uno, de alguna manera nos acerca.
    Un abrazo para todos.

  8. M, podría estar de acuerdo en general, si agregas “en este momento” a tu ranking en el planeta tierra. Mr. Cruise cumplirá 50 años en julio. Si lo comparamos con Mr. Eastwood en sus gloriosos 50 o con Robert en sus 49 o, naturalmente, con Mr. P en sus 52, yo no estaría segura en absoluto. No continuaré con este tema, ya que me parece percibir ciertas chispas, o quizá rayos y centellas atenuados por la distancia, provenientes del otro lado del Atlántico. A propósito de tu comentario, siempre he dicho que mi vecino querido y tú son mucho más parecidos de lo que ninguno de los dos estará jamás dispuesto a aceptar.

    Cris, querida, sí, a mí también me lo pareció por momentos. En la Isla hay un dicho, sin embargo “plátano maduro no vuelve a verde” y me temo que como parte de la sabiduría popular milenaria, no se equivoca. Esta ha sido una entrada divertidísima no sólo de escribir sino por los comentarios. En tu caso me reí muchísimo con lo de las pinzas de ropa (número 5). Es, hasta el momento, lo más extravagante que he leído como manía. Estoy segura de que todos echamos de menos a Universos, los digamos o no. Un beso inmenso para ti, querida.

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