“Ser diferente”

Cuando niños, a menudo queremos ser iguales a nuestros amigos, ser como son ellos, hacer lo que hacen ellos y tener lo que tienen ellos. Esto puede llegar a representar un verdadero dolor de cabeza para muchos padres. No para mi madre. Ella se empeñó, desde mi más tierna infancia, en sacarme esa absurda idea de la cabeza y hacerme ver, a costa de lo que fuera, las bondades de “ser diferente”. Lo acepté con resignación al principio, era una niña. Más tarde, me acostumbré a funcionar de esa manera.

De adulta, llegué a una etapa en que me importaba muy poco el ser igual o diferente y me importaba menos aún la forma en que me vieran los demás; todavía estoy en ella. Pero si debo escoger, prefiero, sin duda, ser diferente. Hasta el punto de no usar algo que está de moda, aunque me guste. Me sucedió ayer con unas pulseras que llevaba puestas… una mujer, en la fila de un banco me comentó con aprobación: — Se están llevando mucho. El impulso, automático por completo, fue quitármelas, guardarlas en la cartera y no volver a usarlas hasta estar muy, muy segura de que ya no “se llevaban”; la educación es algo que a menudo nos marca para toda la vida. Naturalmente no lo hice, ya que de verdad no me importa.

A veces me intereso en conversaciones de adolescentes y observo el esfuerzo sobrehumano que hacen para destacarse, para no ser del montón. Cuando los miro como grupo, me parte el alma comprobar que parecen acabados de salir de un mismo molde. Es como si mientras mayor fuera su esfuerzo en diferenciarse, más se igualaran; algo parecido a lo que le pasaba al pobre Tántalo; una maldición, sin duda, llega a ser patético. Como un dios, desesperado por ser reconocido como dios. O un atleta, que sufre y se entrena hasta desangrarse o hasta caer desplomado, porque quiere ser un atleta. O una preciosa chica que se viste y se maquilla hasta parecer un payaso, porque quiere ser hermosa.

SOMOS diferentes. Es parte de nuestra esencia y nuestra naturaleza más íntima. A menudo me maravilla comprobarlo. ¿Cómo puede haber tal diversidad? ¿Cómo es posible que haya tantas combinaciones de características, de gustos, disgustos, de haceres…. qué clase de sortilegio opera en nuestra especie para que entre los siete mil millones de almas que la integramos no puedan encontrarse dos iguales? ¡Si esto no es una prodigio, no sé qué podría serlo!

No te imaginas cuántos bloggers novatos me dicen que quieren un blog “diferente” y me piden consejo para lograrlo. Escribí una vez que la individualidad de un blog no se obtiene por obra y gracia de la plantilla, que es una cuestión aritmética simple: hay unos 26 millones de blogs en WordPress.com y menos de 150 plantillas. Francamente, tampoco se obtiene a través del tema sobre el que escribas, del contenido o del estilo que adoptes.

La única forma en que eres “diferente” es siendo quien eres.

Sin esfuerzo, sin esa obsesión por diferenciarte, sin ninguno de esos absurdos y falsos condicionamientos previos que promueve la psicología; cosas como haber “madurado” o “establecido prioridades”, o el manoseado “haberse encontrado a ti mismo”. Mucho menos, cosas como haber adquirido una “alta autoestima”… ya entiendes a qué me refiero.

Ser es algo tan simple que puede resultar espeluznante. Cuando lo complicamos, cuando interponemos vías, nos alejamos más y más del ser y nos acercamos más y más al pretender. No tenemos que hacer nada para ser, no necesitamos tener nada para ser. Al contrario, con toda seguridad, estamos haciendo y aferrándonos a demasiadas cosas que a fin de cuentas nos impiden el pura y simplemente ser.

Cuando éste es el caso, no es mala idea en absoluto deshacernos de unas cuantas de estas cosas o, mejor aún, de todas ellas.


Para Cris, quien inspiró esta entrada y para mi vecino querido, a quien tampoco le importa.

8 pensamientos en ““Ser diferente”

  1. Jajaja me ha encantado como finalizas, “para mi vecino querido, a quien tampoco le importa”.
    Comparto contigo y no por tratar de igualarme (es un chiste), lo que dices, ser diferente, es algo común. Quizá tan común que no nos damos cuenta y “pretendemos” diferenciarnos.
    Nada mejor que ser natural, diría yo.

    Yo no se quien me inculco el valor de ser diferente, pero desde pequeña me gustaba expresar lo que sentía aunque difiriera, lo que en ocasiones me hacia poco popular y en otras me hacia atraer las miradas y la admiración, claro, dependiendo de lo que defendía.

    En la actualidad más bien sigo reafirmando mis valores y desechando el “agradar a los demás”: lo cual es una empresa insatisfactoria.

    Para Ser, habría que fluir simplemente, sin miedos…

    Un abrazo!

  2. Somos diferentes, aunque, a causa del miedo al rechazo, muchos no expresen su verdadera idiosincrasia por aquello de no llamar demasiado la atención. Cuando somos adolescentes y no tenemos la identidad muy clara, nos desagrada diferir del resto.

    Hace tiempo que decidí ser quien ya era y dejarme de tonterías. Y se me notaba: hablaba de cosas supuestamente “raras” (mi abuela me decía que con esa actitud no encontraría nunca marido; según ella, a los hombres no les gustaban las mujeres inteligentes y me recomendaba disimularlo, al menos un poco; no me he casado, aunque me encantaría hacerlo) y me vestía muy a mi aire, ajena a las modas.

    Siempre digo que la libertad es ser uno mismo.

    Estupendo post.

  3. ¡Genial! ¡¡¡Me encanta!!! Mi madre, no sólo se esmeró en algo similar a la tuya (¡si se hubiesen conocido, posiblemente habrían sido mejores amigas, también!), sino que me inscribió en un colegio que se divertía exacerbando esta clase de “actitudes” autodiferenciadoras o como se llamen. La pasé MUY mal al principio, en parte por lo que menciona Miss Z…. ES CIERTO que a los hombres no les gustan las mujeres que ellos consideran inteligentes o, para ser más específica, más inteligentes que ellos… si son retardados (y muchos lo son) ¡una normal los asusta! Así que lo “solucioné” muy fácilmente decidiendo que jamás me casaría ni tendría hijos (la zorra y las uvas). A diferencia de Miss Z, tuve además la fortuna inmensa de tener una abuela para quien yo y mis hermanas éramos virtualmente la perfección personificada y en mi caso mi única imperfección era un exceso de apasionamiento e imaginación. Tenía toda la razón, al menos en lo primero. Y bueno, no pretendo aburrir a nadie escribiendo aquí mi autobiografia, ya tú conoces el resto de la historia. Excelente “post paralelo”. Me encanta cuando lo hacen. ¡Tu inefable escribió algo que al leerlo se me cortó la respiración y casi me fui de espaldas!

  4. Pues si, a esto me refería con que cuando llego aquí, sé que entro en un lugar especial y diferente y evidéntemente la plantilla no lo es todo (ayuda porque crea un espacio afín a la persona que lo crea) pero lo que lo hace especial es lo que comunica y cómo lo comunica.
    Y hoy cuando he llegado, aunque no estuviese el morado, me he encontrado en el mismo lugar especial y diferente. Sobre todo cuando he leído el final.
    Me alegro de haber inspirado (de alguna manera) este tipo de entrada personal que me gusta encontrar aquí de vez en cuando y que habla de escribir blogs pero de esa otra manera…
    Un abrazo gigante.

  5. Digan lo que digan los matemáticos tanto las ĺineas paralelas como las entradas paralelas acaban encontrándose en un punto ideal del infinito.
    En ese punto también se encuentran el uno y el universo.
    Tu entrada y la mía son antes que nada eso: tuya y mía. Sin embargo las dos recorren el mismo camino. A ambas les da lo mismo ser iguales o diferentes. Lo que sí tienen claro es que se dirigen inexorablemente al mismo punto. Por eso acaban cruzándose.

    Fue un placer paralelear.

  6. Flori, tu comentario me hizo recordar una entrada de antología que escribió mi vecino querido una vez, sobre ser un bicho raro. Aparte de ser una de mis favoritas, le valió comentarios suficientes como para dos páginas. :-) Tienes razón, “ser diferente” es algo más común de lo que a veces quisiéramos aceptar.

    Zambullida, concuerdo con lo que dices, que luego reafirma M. No es lo mismo, para nada, ser “raro” o “rara” en nuestra sociedad presente. Y tienes toda la razón en aquello de la libertad. El truco es poder detectar cuándo estamos siendo nosotros mismos y cuando estamos “siendo” nuestros miedos, fobias y autocensuras. Me alegra que te haya gustado.

    M, si me permites la evaluación, creo que tu abuela fue que salvó tu cordura. :-) Las entradas paralelas (ya que creo haber superado el que indefectiblemente la mía sea la segunda, o “la otra”), son una delicia, estoy de acuedo; curiosamente, a mí también me encantan, literalmente. En estos días de calor insoportable, creo que hoy tendremos 33° o al menos 32° a la sombra….. el paralelismo puede resultar como un baño en un océano en calma a la luz de la luna llena.

    Cris, querida, siempre ha sido y sigue siendo un inmenso placer con todo lo que la palabra implica, saber que te sientes en tu casa, como de hecho es. Como decía más arriba, no tengo demasiado que ofrecer en estos momentos en términos de diseño, pero muy pronto llegará la hora de remodelar. Un beso para ti y otro para Iña.

    Vecino querido, tomaré prestada una palabra de M, impresionantemente útil para comentarios como el tuyo: Amén.

    • Suena curioso lo de bicho raro, aunque a veces también me he sentido así, y no me ha importado para nada, es muy interesante leerlo de otros, en cuanto pueda me voy a dar un paseo para leer a tu vecino, que ya me produce mucha curiosidad, no lo que él dice, sino tu admiración que debe estar bien fundamentada… ;)

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