El tiempo, el implacable

Hace unos minutos descubrí, con horror, que había respondido lo siguiente a un comentario de un lector:

He leído varias de tus historias, me gusta mucho tu punto de vista y la forma en que las relatas. Tan pronto pueda leeré tu blog con detenimiento y te dejaré algunos comentarios.

El horror es porque esto lo escribí ¡en febrero de 2010 y aún no lo he cumplido! Y porque no es la primera vez que ocurre.

¿Qué sucedió? Lo que hacemos todos los bloggers todos los seres humanos una y otra vez: decidimos hacer algo —> lo expresamos (o no) —> lo colocamos en un momento (definido o no) del futuro —> lo olvidamos, olímpicamente.

Este “inocente” fallo resultó ser la inspiración que necesitaba para teclear una entrada que considero de cierta importancia para un blogger.

El tiempo: ¿amo o esclavo?

No pienso entrar aquí en una disertación física ni filosófica sobre la naturaleza del tiempo, no te preocupes. Sólo diré algo que probablemente ya sabías, para partir de una base común y entendernos: el tiempo existe sólo por acuerdo. Estamos todos de acuerdo en que existe, luego existe…. y transcurre. Por lo que no hay realmente pasado ni futuro, sólo presente. ¿Ves? ¡te dije que ya lo sabías! Por tal razón (esto quizá no lo sepas), porque el tiempo es nuestra creación, podemos utilizarlo; somos causa sobre él: podemos crearlo, cambiarlo o detenerlo…. al menos potencialmente, ya que en la práctica se requiere cierto nivel de conocimiento y una buena dosis de entrenamiento y ejercicio.

Sin embargo, es mucho más simple de lo que parece. Lo has hecho un millón de veces, consciente o inconscientemente.

Por ejemplo, si te mueves más rápido, el tiempo “se alarga”: tienes más de él. Y viceversa: si te mueves con mayor lentitud, el tiempo no te es suficiente.

También eres causa sobre el tiempo cuando “colocas” un suceso o un pensamiento en el pasado. ¿Lo ves? Esa molesta idea, esa cancioncilla, ese pensamiento que te ronda como una mosca atontada y no te deja en paz… cuando logras agarrarlo por el cuello y colocarle en la frente una etiqueta de tiempo correspondiente a “pasado” –no necesariamente olvidándolo, sino simplemente relegándolo al pasado– mágicamente deja de molestarte. No existe la persona que no haya hecho esto no una sino un millón de veces en su vida. Bueno… en realidad sí existen algunas personas así: están confinadas en los manicomios. Lo mismo sucede con respecto al futuro: cuando planeas un evento cualquiera, le colocas su etiqueta de tiempo correspondiente a “futuro” (le asignas una fecha de completación) y luego lo ejecutas de acuerdo al plan, has sido causa sobre el tiempo. Ya ves a qué me refiero.

El tiempo es parte componente de nuestro universo físico, junto con el espacio, la energía y la materia; y como tal, obedece mansamente a las leyes de la física, pero obedece (con aún mayor mansedumbre) a su amo que no es nada más ni nada menos que .

Normalmente ocurre al revés. Nos consideramos esclavos del tiempo. Pero no es la primera vez, ni será la última, en que un amo actúa como esclavo y su esclavo, como amo. A los seres humanos parece fascinarnos esta inversión de roles.

Tiempo y promesas

Para bien o para mal, lo que escribes como blogger, permanece, al igual que tus decisiones e intenciones. Y las promesas que un blogger les hace a sus lectores, tienen también la mala costumbre de permanecer. Se quedan como colgadas en los archivos mentales tanto del blogger como del lector. Solo ocasionalmente estamos conscientes de estos archivos; pero ahí están, seguro como que el sol saldrá mañana.

Cuando le dices a un lector: pasaré por tu blog y te dejaré un comentario, él espera que pases y le dejes un comentario. Cuando anuncias: próximamente escribiré una entrada sobre este tema, espera que esto en verdad suceda. Lo que estás haciendo es colocar entradas y comentarios en el futuro. Y, naturalmente, se espera que estas cosas se materialicen. Porque (aquí entre tú y yo) muy en el fondo todos sabemos que somos causa sobre el universo físico.

Cuando no sucede o cuando transcurre más tiempo de lo razonable, se produce una ligera pérdida, tanto en el lector como en el blogger. Las pérdidas, grandes o pequeñas, conllevan una cantidad proporcional de dolor y las asociamos con habernos equivocado. Y perder o equivocarse es lo peor que le puede pasar a alguien. Estas cosas son como moléculas de veneno para un ser. Una sola no mata, ni dos ni tres; pero llega un punto, a lo largo de toda una vida, en que la acumulación finalmente acaba con el más duro.

El olvido de la promesa es un antídoto sólo en apariencia. Es más bien una anestesia: hace que el dolor se vuelva imperceptible, pero lo cierto es que sigue ahí y se acumula, aunque no nos percatemos de su presencia.

He leído incontables entradas y comentarios que afirman que en Internet el tiempo corre a una velocidad diferente que la de “afuera” o que el tiempo “no existe”, por aquello de la permanencia de lo que escribimos. Creo que hay algo de cierto en ambas observaciones, sin embargo si te fijas bien, verás que se mantiene inexorable la convención, el acuerdo en virtud del cual dimos existencia al tiempo: los escritos se fechan y así los enlaces pueden encontrarse más adelante.

Lo que trato de decirte es que como blogger puedes colocar todo lo que quieras en el futuro: entradas, visitas, comentarios, encuentros… pero no siempre es necesario o sensato comunicárselo a tus lectores. Sin embargo, si por alguna razón lo has comunicado, más te vale asegurarte de no olvidarlo, a menos que hayas decidido ir por la vida luciendo el anillo de Lucrecia Borgia en tu índice.

8 pensamientos en “El tiempo, el implacable

  1. ¡Qué bueno Karen! Estoy absolútamente de acuerdo y además está genial leer esta entrada no sólamente como blogger, tú ya me entiendes… ;-)
    Un abrazo gigante y que bueno que ya andes por aquí lanzando nuevos mensajes a los cuatro vientos.

  2. Karen, son muy acertadas tus palabras, y la conclusión a la que llegas la comparto totalmente.Acerca de las promesas, es tan delicado esto, que aprendí, quizá muy temprano en mi vida, con dolor, que es mejor no prometer, lo que no implica que no lo haga internamente… y si se hace una promesa, cumplirla lo antes posible.
    Sabes, luego tuve que aprender a comunicar promesas, con mi hijo, pero esto ya es distinto, son esas promesas de amor y cuidados que le dan seguridad, ese decirle en un momento de miedo en su infancia “nunca te dejaré”.
    En fin, me encanta tu entrada, tan sensible como siempre, llevando implícito ese respeto que hace tanta falta.
    Un abrazo y gracias por compartirla :)

  3. Gracias Karen por esta nota. Es un lujo leerte, la fluidez de palabras y los consejos para tener en cuenta. Gracias por compartir tu experiencia y regalarnos un poco de tu tiempo…
    Un saludo grande para ti…
    C.

  4. Cris, también estuvo genial escribirla, y no solamente como blogger… ;-) Eso sí, me tomó un día completo. Llegó a tener como 1,500 palabras en principio y fue todo un logro “limpiarla” de las partes que se me ponían demasiado técnicas o eran innecesarias para el punto que quería establecer. Otro abrazo para ti, uno para Iña, como “bono extra” y de nuevo: ¡Enhorabuena!

    Flori, eso de aprender con dolor es trágico (y un poco tonto, a mi modo de ver), pero me temo que no hay otra forma, estamos hechos de esa manera, no hay excepciones. No lo escribí, pero todo lo que dice esta entrada se aplica a cualquier área en la vida, y muy especialmente a un niño en un momento de dolor o angustia. Ese es EL momento para apretar los labios y morderse la lengua. ¿Has oído de niños, adultos, incluso viejos, que pierden a sus madres y nunca jamás vuelven a ser lo que eran? Te doy un consejo insolicitado: dependiendo de la edad de tu hijo, encuentra una forma adecuada, amorosa y comprensiva de establecer alguna clase de acuerdo con él para cancelar todas esas promesas. Le harás el mayor favor posible a ambos: el de la libertad; y estarás previniendo una buena cantidad de dolor. Un gran abrazo de vuelta para ti.

    Carlos, es un lujo tenerte en mi blog. Las gracias son para ti y yo me quedo con todo el placer. :-)

  5. Hola Karen, leo tu comentario y sonrío porque se que me hablas desde la responsabilidad… bueno, se aprende con dolor cuando nos cuesta abrir la mente, al menos eso me pasa a mi. En cuanto a la promesa de no faltar, es una que creo he hecho en algún momento de la vida y que más tarde al ir creciendo, en mi caso pasa así, ya le he ido diciendo como son las cosas, y no solo diciendo, enseñando a defenderse para la vida, a tener cierto grado de conocimiento e independencia. Ya él sabe Karen, que los humanos no duramos para siempre, al menos físicamente. De ello se desprende también el apreciar los momentos, y también enseñarle a tener convicciones de vida que le ayuden a ser un hombre de bien y a seguir adelante, y se enseña con todo, sobre todo con la practica, y mayormente con el ejemplo.
    Gracias de todos modos por tus palabras ciertas.
    Un abrazo.

  6. Así es, querida, nuestros cuerpos no duran para siempre. Y los hijos (entre muchas otras cosas) son una especie de intento de vencer a la muerte de alguna forma… otra razón para que sean tan preciosos. Gracias a ti por contarme. Un abrazo grande.

    • sabes, he concluido que la falta de una madre cambia mucho la vida, más, cuando hay una estrecha relación con ella, cuando la relación es muy buena y el amor es grande, como no va a afectar..? creo que esta es mi conclusión, así que es inevitable el vacío que queda, de todos modos…, en fin…
      Gracias a ti. Un abrazo.

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