Sobre estrellas y estrellas fugaces

En 1937 Hollywood estrenó la primera versión de la famosísima película “A Star Is Born” (Ha nacido una estrella). 17 años más tarde, la segunda versión presentaba a Judy Garland, en el rol estelar. En 1976, la tercera versión fue llevada a la pantalla con Barbra Streissand y Kris Kristofferson. Está claro que el tema tiene una gran acogida. Y no sólo entre el público, ya que el magnífico Clint Easwood tiene entre sus proyectos la cuarta versión, a tres cuartos de siglo de la primera.

La semana pasada, una amiga muy querida me llamó para decirme que me había enviado un artículo que habia escrito un amigo y que incluía numerosas fotografías del autor. Mi amiga me pidió que determinara si este amigo tenía “potencial” para escribir o para convertirse en un blogger. Abrí el correo, leí el artículo, vi las fotos, lo imaginé como una entrada y comprobé que no sólo tenía “potencial” y talento. A pesar de su técnica literaria prácticamente inexistente, tenía “ojo” de blogger, esa cualidad tan especial que hace que un blogger sea, en mi opinión, como un fotógrafo de realidades –reales e inventadas– que construye imágenes a punta de palabras en vez de luz.

Por lo que mi amiga me había dicho sobre él, sabía que este hombre sería completamente feliz con la idea de abrir un blog propio y estaría completamente dispuesto a emprender la tarea a la menor provocación. Hasta aquí, estaba claro que acababa de presenciar el nacimiento de una estrella de la blogósfera.

Sin embargo, en honor a la verdad, me resulta por completo imposible predecir si un blogger llegará a ser más que una estrella fugaz.

Hay cientos de artículos en la red que hablan de lo que un blogger necesita ser, hacer y tener para lograr el éxito y llegar a la cima del estrellato. Yo misma he escrito al respecto en más de una oportunidad. Y mi amiga M escribió hace unos años lo que considero la última palabra sobre el asunto. Sin embargo, si a alguien se le ocurriera resumir en UNA sola palabra, en una sola cualidad o en un solo rasgo de carácter lo que un blogger necesita para sonbrevivir como blogger, no dudaría un segundo en decir que es la persistencia.

Hablando con absoluta franqueza, cualquier persona con buenas destrezas de comunicación puede comenzar un blog, un buen y hermoso blog. Pocas persisten más de dos años en el oficio. Poquísimas, más de tres años.

Como en cualquier relación amorosa, con el proyecto de un blog existe un deslumbramiento inicial, ese impulso original que da a luz cualquier creación. La capacidad de persistir “en las buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad” es lo que determina si el oficio y el blogger fueron hechos o no el uno para el otro. Si se trata de un enamoramiento apasionado pero pasajero o si se trata de amor verdadero, capaz de vencer incluso uno de los mayores enemigos de cualquier relación y cualquier creación: la monotonía o el aburrimiento.

Una estrella fugaz puede ser tan hermosa como una estrella fija. Mi idea con esta entrada no es exigirte que continues en algo que no deseas. Es, simplemente, anunciarte que encontrarás distracciones y barreras en el camino, animarte a pasar a través de ellas y salir al otro lado victorioso o victoriosa, con un blog hecho y derecho que terminará, si termina, porque tú quieres, no porque no fuiste capaz de persistir.

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Las palabras

Hace unos días estuve buscando información en Internet sobre las herramientas básicas de un blogger. No podía dar crédito a mis ojos ante lo que encontré. ¡No sólo desconocía el 90% de lo que se entiende por “herramientas”, sino que por ningún lado aparecía lo que yo consideraba que eran nuestras herramientas principales!

Siempre he pensado que tales herramientas son las palabras. Acabo de enterarme de que esta es una idea muy, pero muy extravagante. Las “herramientas que cualquier blogger debe conocer” son una lista interminable de artilugios para medir el tráfico y “aumentarlo”; una serie de juguetitos que instalas en tu barra de navegación para congestionar tu blog hasta lo indecible; unas cuantas opciones de colocación de anuncios y publicidad… cosas como ésas. Jamás lo habría imaginado.

Así que decidí que más me valía cambiar la orientación de mi artículo y no llamarle “herramientas” a algo como las palabras.

La materia prima para cualquier blogger

Las palabras son tu materia prima. A través de tus palabras transmites (o no) lo que quieres comunicar y a través de las palabras de tus lectores (o la falta de ellas) puedes tener una idea de la suerte que corrieron las tuyas.

Y como en cualquier arte u oficio, existen ciertas reglas y técnicas para usar, combinar y recombinar nuestra materia prima, a fin de crear un efecto que se asemeje lo más posible al que esperamos.

Cuando comencé en estos afanes, no dejaba de horrorizarme el mal uso de las palabras en las redes sociales. Se le llamaba, incluso, “nuevas lenguas” a engendros idiomáticos que no eran otra cosa que el resultado de la más absoluta incapacidad de comunicarse por escrito, debido a una profunda ignorancia de las reglas de gramática y ortografía de nivel de primaria. Luego, creo que me acostumbré o quizá dejé de prestarle una atención que el tema, definitivamente, no merecía.

El caso es que hay tres elementos clave que un blogger profesional (o aspirante) realmente debe saber y manejar al dedillo respecto a su materia prima, a fin de que su blog sea un aporte a la blogósfera y no un agente tóxico, corrosivo o contaminante.

LUEGO DE manejar estos elementos con soltura y, por qué no, hasta con cierto estilo, es que podría tener algún sentido preocuparte por cosas como el tráfico, los anuncios o los juguetes para tu barra de navegación.

Tres cosas que necesitas saber al derecho y al revés

  • Significados y definiciones. Las palabras representan ideas y conceptos. Si desconoces o malentiendes la idea que una palabra representa, nunca podrás usar esa palabra adecuadamente, no podrás comunicar con ella ni comprender la oración o párrafo donde ésta aparezca. Si desconoces o malentiendes el significado de un gran número de palabras en un tema, el tema en su conjunto se volverá incomprensible para ti y no podrás HACER nada con él ni en él.Más aún, tu nivel de inteligencia es inversamente proporcional al número de palabras cuyo significado desconoces o malentiendes. De lo que se desprende, afortunadamente, que el sólo hecho de aclarar correctamente el significado de estas palabras, te hará más inteligente y más capaz como blogger. Podrás hacer más cosas y las harás cada vez mejor.
  • Ortografía. Las palabras se escriben de determinada forma, a fin de significar lo que significan. “A ver si” significa que estamos a la expectativa de algo, “Haber si” aunque suene igual, no significa nada, excepto que tienes un malentendido con la palabra “haber” y la expresión “a ver”.
  • Gramática. Las palabras se usan y se combinan de una manera determinada para que el conjunto resulte comprensible e, idealmente, agradable. Esa es toda la función de la gramática. A pesar de ello, es uno de los temas más odiados dentro de la materia de Español. Y no es para menos, los profesores hacen esfuerzos sobrehumanos para que resulte el tema más incomprensible e inútil del mundo. Al principio, yo pensaba que era “de maldad”. Luego de haber estado capacitando a más de 2,200 maestros durante un año, a través de talleres sobre la Tecnología Hubbard de Estudio, comprendí que era por sus propias carencias e incomprensión sobre el tema.Lo cierto es que la gramática es algo muy sencillo. Es como las recetas de cocina. Cuando estás aprendiendo a cocinar, las sigues al pie de la letra. Cuando eres un experto, ya no las necesitas: has creado tu propio estilo, pero ya fruto del conocimiento y la práctica, no de la ignorancia.

Cómo lo haces

Con respecto a los significados y definiciones, si tienes dudas, consulta siempre un diccionario adecuado a tu nivel y al tema sobre el que lees o escribes. En Internet hay cientos de ellos. Si NUNCA tienes dudas, el problema puede ser grave. Necesitas leer (libros) al menos dos horas diarias durante un año o dos. De los tres elementos recién mencionados, éste es el más importante. Lo más pronto posible escribiré una entrada para darte más detalles sobre cómo aclaras correctamente y comprendes el significado de una palabra.

En cuanto a la ortografía, el manejo es muy parecido al de las definiciones: si tienes la más mínima duda, consulta siempre el diccionario. Si NUNCA tienes dudas, ya sabes…. ¡a leer se ha dicho!

Finalmente, acerca de la gramática, posiblemente no me creas, pero lo mejor que puedes hacer es buscar un libro de texto de 3ro o 4to de primaria y comenzar desde allí hasta secundaria, buscando y aclarando cada término del que no puedes dar una definición con soltura. ¡Y te vas a sorprender! En Internet también aparece material útil sobre este tema. Sólo asegúrate de que se dirige a niños. Los otros, son incomprensibles para cualquier ser humano que no tenga un postgrado en lingüística.

Espero que esta entrada pueda serte útil, a pesar de haber empleado 968 palabras para escribirla.

El drama de la página en blanco

Por M

Karen me ha pedido hacerme cargo del blog por un corto tiempo mientras ella atiende ciertos asuntos personales. Así que aquí voy… espero estar a la altura.

Para empezar, no estaba segura del tema; la orientación de Karen: “escribe lo que quieras” no fue demasiado orientadora, la verdad…. así que decidí escribir sobre mi problema más inmediato: Sobre qué escribir cuando no se nos ocurre nada.

Es posible que un blogger novato se pregunte (especialmente si es muy joven): “Bueno, ¿y por qué hay que escribir cuando uno no tiene nada que decir? ¿No es mejor que estas cosas ‘salgan’ de manera natural y simplemente se hagan cuando sentimos deseos o necesidad de hacerlas?” La respuesta corta es No. No es mejor.

Particularmente, siempre he encontrado fascinante la palabra oficio. Me gusta su sonido, me gustan sus implicaciones autodidácticas, me gusta su relación con lo que es una vocación (o una pasión, en mis términos) y con aquellos oscuros y románticos talleres del Renacimiento, que olían a pigmentos y disolventes, donde se forjaron obras de arte que nunca jamás podrán ser igualadas.

La palabra, proviene del latín opificium —> officium : Opus + facere. Opus es OBRA. Facere es HACER. Más claro, el agua solamente.

Escribir en un blog es un oficio y como todos los oficios bajo el sol, no es para todo el mundo, no importa cuán de moda pueda estar. Escribir en un blog es algo que uno hace. Es algo de lo que uno se ocupa. Y, al menos en sus comienzos, lo hace por puro y genuino amor al arte. El que los bloggers no tengamos que marcar tarjeta al llegar y salir, el que no nos paguen por este trabajo, a mi modo de ver aumenta, no disminuye la responsabilidad que se asume al abrir un blog público (los privados son algo diferente).

De lo anterior se desprende que un blogger que publica de cada año un día o solamente cuando se levanta “inspirado” no está realmente escribiendo en un blog. Está haciendo otra cosa.

Y esa es la razón de por qué, tarde o temprano, todos los bloggers nos enfrentamos al drama de la página en blanco. A esa desagradable sensación de saber o sentir que debemos escribir algo que no sabemos lo que es.

Yo no puedo decirte de dónde sacar ideas. Porque la verdad es que las ideas no “se sacan” de ningún lado, ya que no “están” en ninguna parte esperando ser descubiertas o cosechadas.

Cuando era muy muy joven leí un libro llamado “Uno”, de Richard Bach. Me impactó mucho en aquella época. En él, el autor planteaba una hermosa metáfora en la que las ideas surgían de una especie de fábrica, bastante mística, aunque más parecía un laboratorio químico por la descripción. Es una hermosa metáfora, pero no es cierto. O al menos no es cierto que el laboratorio se encuentre en otra parte que no sea tu propio centro. Sí, el centro de ti. De lo que eres en realidad: un creador de ideas, de pensamiento. Eso ES lo que somos.

Tú creas tus ideas a partir de nada o a partir de algo, como prefieras. Tienes tu própio “método” para hacerlo, siempre lo has tenido. Tienes todo el derecho y la capacidad para crear y ensayar otros métodos, probarlos, adoptarlos, adaptarlos o desecharlos. Por ejemplo, conozco varias personas que comienzan a escribir ideas sueltas o elaboran un esquema o esqueleto antes de escribir una entrada. Otras, leen sin parar lo que escriben otros bloggers “para inspirarse”.

Personalmente, nunca he podido hacer eso y mira que lo he intentado, lo de los esquemas. No puedo. Lo que hago es sentarme al teclado y simplemente comenzar a escribir. Considero que estoy hablando contigo, seas quien seas, por supuesto que previamente hay algo que quiero contarte o informarte o transmitirte y, bien o mal, voy y lo hago y eso es todo. Me gusta escribir en segunda persona. Karen tiene un “método” parecido al mío, pero ella es mucho más prolija, reestructura, corrige y cambia mil veces su entrada y le toma bastante tiempo dar un escrito por terminado.

Volviendo a la fuente de las ideas, pues soy yo misma. Eso es algo que tengo muy claro hace ya bastante tiempo. ¿Se agota la fuente de vez en cuando? Pues sí, pero no por mucho tiempo. La verdad es que no tiene por qué agotarse por más de….. ¿a ver…? dos minutos. Sí, creo que dos minutos es un plazo razonable, probablemente excesivo.

Algo muy diferente es no tener ganas de escribir. A veces, los bloggers confunden ambas cosas, falta de ideas con falta de ganas.

La falta de ganas es algo completamente diferente. Cuando no se debe a algo físico (como estar muerto de sueño, de hambre, de cansancio o enfermo), tiene que ver con haber recibido más golpes que premios de la vida o haber perdido más juegos que los que hemos ganado últimamente. Cuando esto sucede, no sólo no queremos escribir. No queremos comunicarnos en absoluto, tampoco es que tengamos tantas ganas de vivir, si llamamos a las cosas por su nombre.

Para esto, el único remedio es recobrar el propósito, inventar un nuevo juego y volver a la carga. No hay otro. Y es bueno hacerlo ANTES de escribir una entrada (o un comentario) por obligación. Nuestros lectores no se merecen una entrada por obligación. Nosotros, menos.

El privilegio del discernimiento


Durante un chat de 3 horas con un amigo del alma, recordé una idea de esas que dan vueltas, que vienen cuando no puedes escribirlas y se escapan cuando las llamas. Esta vez la he atrapado por un ala y no la dejaré ir.

Y es que el discernimiento, esa capacidad por definición inherente a la condición humana, pareciera ser más un privilegio que la regla entre nuestra especie. No todas las personas poseen esta capacidad por descontado. O, al menos, no la tienen justo al alcance de la mano. Para muchas, representa un gran esfuerzo. Para algunas, es simplemente inalcanzable en sus circunstancias actuales. En otras palabras, por horrible que parezca, hay personas incapaces de diferenciar entre una verdad y una falsedad.

Existen los datos. Un dato es cualquier pedazo de información.

“Hoy hace calor”.
“Mi nombre es Carlos”.
“La fórmula del agua es H2O”.
“Te quiero”.
“Los ingredientes de mi receta para el pesto son….”.
“El mejor actor del mundo es Al Pacino”.
“La velocidad de la luz es 299,792,458 metros por segundo”.
“Bill Gates está regalando su fortuna a quienes reenvíen este correo”.
“El presidente de la República declaró que….”
“A quien madruga, Dios lo ayuda”.
“La vida es una sola”.

De diverso grado de importancia y utilidad, de diferente veracidad, todos los anteriores son datos.

Entre los datos, existen las observaciones (más o menos precisas), existen los hechos y existen las opiniones o puntos de vista. Por otra parte, también existen datos verdaderos, datos falsos y datos de veracidad relativa. Sin ánimo de escribir un tratado sobre la verdad ni un método para determinarla, estas cosas ya han sido suficientemente investigadas y determinadas, sí me interesa establecer algunos puntos relativos al discernimiento en lo que respecta a un oficio como el nuestro.

A estas alturas, pienso (es una opinión) que Internet ya contiene al menos una aproximación a cualquier respuesta que alguien podría soñar. Dudo que exista algún tema o información de interés general que no se halle mínimamente cubierto en la red.

Pienso también que la mayoría de la gente lo sabe o lo intuye de algún modo y es ahí donde comienza el problema. Internet se ha convertido en LA fuente de información y referencia para una proporción considerable de la Humanidad. Y precisamente por lo fuera de forma que anda nuestra habilidad para discernir, tendemos simplemente a absorber, propagar y reproducir datos, indiscriminadamente, considerando quizá que si está en Internet, debe ser verdad o, peor, sin ninguna consideración en absoluto.

Internet es un inconmensurable océano de datos. Sin embargo, no todos son datos verdaderos, no todos son útiles, no todos tienen la misma importancia relativa.

Si un blogger (o cualquier ser humano) aspira a saber algo, a obtener un mínimo conocimiento sobre algo basado en cualquier información disponible, necesita pasar esta información por el filtro de su discernimiento antes de que pueda tener alguna utilidad o valor para sí mismo o para sus lectores. Debe ser capaz de determinar, para comenzar, si se trata de un dato falso, verdadero, o de verdad relativa o incierta. Debe poder darse cuenta si está ante un hecho o ante una opinión, por más autorizada que ésta pueda ser.

Cuando esto no ocurre, cuando nuestro “escáner de veracidad y aplicabilidad” no enciende de modo automático, estamos ante una máquina fotocopiadora, no ante un blogger. Por lo que he podido observar, Internet, como la vida, está plagado de fotocopiadoras.

En el chat que dio origen a esta entrada, mi sabio amigo del alma escribió un párrafo de esos que merecen ser labrados en mármol, para la posteridad, por ser un hecho y una gran verdad. Por ser no sólo un dato útil, sino un dato vital y por estar, además, hermosamente expresado:

Nos necesitamos a nosotros mismos para estar seguros de algo. De nada sirve que nos lo cuenten si no lo pasamos por nuestro interior. Esa es la única prueba que nos sirve. En ese sentido todo el conocimiento lo llevamos dentro. Somos parte necesaria para que exista el conocimiento.

Yo voy un poquito más allá: Somos parte imprescindible del conocimiento y con este mismo método podemos originarlo. Podemos ser y somos fuente de sabiduría.

Esto puede resultar, como toda maravilla auténtica, un tanto aterrador para corazones débiles. Muy en el fondo, todos sabemos que el conocimiento implica cierta cuota de responsabilidad. Visto desde mis ojos, es el privilegio de toda una aventura épica que vale infinitamente la pena vivir cotidianamente.