¿Quién dijo que WordPress era “difícil”?

Los conceptos de facilidad / dificultad son casi tan relativos como los de belleza / fealdad. La aparente dificultad de WordPress no reside exactamente “en los ojos de quien la mira”; pero sí en tres factores muy sencillos de comprender. Y estos factores tienen que ver mucho más contigo como blogger que con el funcionamiento de WordPress.

Factor uno: hay DOS WordPress

Este factor parece ser el origen más común de los dolores de cabeza de los bloggers novatos.

WordPress.COM (donde estamos ahora) es, en general, para principiantes o para personas que no están interesadas en un blog comercial.

WordPress.ORG es para usuarios avanzados o para quienes quieran generar ingresos a través de su blog.

El problema principal es que la “ayuda” que encuentras en la web es, casi en un 100%, ayuda para WordPress.ORG. De ahí la mayor parte de la confusión sobre cómo funciona WordPress.

Factor dos: necesitas APRENDER a usar WordPress

Esto es válido si eres un completo novato, pero es más válido aún si vienes de otros sistemas, como Blogger, o de otras redes sociales, como Facebook, por ejemplo. La “lógica” de WordPress no se parece a ninguna otra y necesitas comprenderla para poder usarla.

Si de un principio asumes que “ya lo sabes todo al respecto” o que “debería ser” de tal o cual manera; te estás colocando una barrera en el camino que te resultará muy difícil derribar más adelante.

Para aprender cómo funciona, sólo necesitas tres cosas:

  1. estar consciente de que no sabes y querer aprender;
  2. leer, observar e investigar;
  3. poner en práctica lo aprendido HASTA que puedas usar las herramientas sin siquiera pensar, como respiras o como caminas.

Factor tres: opiniones vs. hechos; no escuches, MIRA

Nunca deja de asombrarme la cantidad casi infinita de cosas que la gente inventa para llenar los vacíos de conocimiento que tiene.

Hay un fenómeno fascinante que se produce en la mente humana: cuando alguien no comprende algo, en vez de concluir que ella no lo comprende, concluye que ese algo “es incomprensible” ¿te ha sucedido, lo has visto ocurrir alguna vez?. O, cuando alguien no logra resolver un problema, a menudo se convence que el problema es “irresoluble”. O cuando no logramos hacer que algo funcione, llegamos a la conclusión de que “no funciona”.

A muy pocas personas se les ocurre pensar que lo que sucede es que lo están viendo al revés, o que hay algo que han omitido, o que les falta un dato, o que hay datos inaplicables que están introduciendo.

No, no podemos estar equivocados. ¡Eso, nunca! Es el otro quien se equivoca, siempre.

Así, sobre WordPress te dirán (y leerás) toda clase de opiniones, buenas, malas y regulares. A veces con base en los hechos, muchas veces, no. Puedes con total seguridad ignorarlo absolutamente todo, incluso lo que leas en mi blog; con una única excepción. Esa excepción es un dato. Y el dato dice:

Míralo por ti mismo e intenta comprenderlo antes de decidir si WordPress (o cualquier cosa) es para ti o no.

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El privilegio del discernimiento


Durante un chat de 3 horas con un amigo del alma, recordé una idea de esas que dan vueltas, que vienen cuando no puedes escribirlas y se escapan cuando las llamas. Esta vez la he atrapado por un ala y no la dejaré ir.

Y es que el discernimiento, esa capacidad por definición inherente a la condición humana, pareciera ser más un privilegio que la regla entre nuestra especie. No todas las personas poseen esta capacidad por descontado. O, al menos, no la tienen justo al alcance de la mano. Para muchas, representa un gran esfuerzo. Para algunas, es simplemente inalcanzable en sus circunstancias actuales. En otras palabras, por horrible que parezca, hay personas incapaces de diferenciar entre una verdad y una falsedad.

Existen los datos. Un dato es cualquier pedazo de información.

“Hoy hace calor”.
“Mi nombre es Carlos”.
“La fórmula del agua es H2O”.
“Te quiero”.
“Los ingredientes de mi receta para el pesto son….”.
“El mejor actor del mundo es Al Pacino”.
“La velocidad de la luz es 299,792,458 metros por segundo”.
“Bill Gates está regalando su fortuna a quienes reenvíen este correo”.
“El presidente de la República declaró que….”
“A quien madruga, Dios lo ayuda”.
“La vida es una sola”.

De diverso grado de importancia y utilidad, de diferente veracidad, todos los anteriores son datos.

Entre los datos, existen las observaciones (más o menos precisas), existen los hechos y existen las opiniones o puntos de vista. Por otra parte, también existen datos verdaderos, datos falsos y datos de veracidad relativa. Sin ánimo de escribir un tratado sobre la verdad ni un método para determinarla, estas cosas ya han sido suficientemente investigadas y determinadas, sí me interesa establecer algunos puntos relativos al discernimiento en lo que respecta a un oficio como el nuestro.

A estas alturas, pienso (es una opinión) que Internet ya contiene al menos una aproximación a cualquier respuesta que alguien podría soñar. Dudo que exista algún tema o información de interés general que no se halle mínimamente cubierto en la red.

Pienso también que la mayoría de la gente lo sabe o lo intuye de algún modo y es ahí donde comienza el problema. Internet se ha convertido en LA fuente de información y referencia para una proporción considerable de la Humanidad. Y precisamente por lo fuera de forma que anda nuestra habilidad para discernir, tendemos simplemente a absorber, propagar y reproducir datos, indiscriminadamente, considerando quizá que si está en Internet, debe ser verdad o, peor, sin ninguna consideración en absoluto.

Internet es un inconmensurable océano de datos. Sin embargo, no todos son datos verdaderos, no todos son útiles, no todos tienen la misma importancia relativa.

Si un blogger (o cualquier ser humano) aspira a saber algo, a obtener un mínimo conocimiento sobre algo basado en cualquier información disponible, necesita pasar esta información por el filtro de su discernimiento antes de que pueda tener alguna utilidad o valor para sí mismo o para sus lectores. Debe ser capaz de determinar, para comenzar, si se trata de un dato falso, verdadero, o de verdad relativa o incierta. Debe poder darse cuenta si está ante un hecho o ante una opinión, por más autorizada que ésta pueda ser.

Cuando esto no ocurre, cuando nuestro “escáner de veracidad y aplicabilidad” no enciende de modo automático, estamos ante una máquina fotocopiadora, no ante un blogger. Por lo que he podido observar, Internet, como la vida, está plagado de fotocopiadoras.

En el chat que dio origen a esta entrada, mi sabio amigo del alma escribió un párrafo de esos que merecen ser labrados en mármol, para la posteridad, por ser un hecho y una gran verdad. Por ser no sólo un dato útil, sino un dato vital y por estar, además, hermosamente expresado:

Nos necesitamos a nosotros mismos para estar seguros de algo. De nada sirve que nos lo cuenten si no lo pasamos por nuestro interior. Esa es la única prueba que nos sirve. En ese sentido todo el conocimiento lo llevamos dentro. Somos parte necesaria para que exista el conocimiento.

Yo voy un poquito más allá: Somos parte imprescindible del conocimiento y con este mismo método podemos originarlo. Podemos ser y somos fuente de sabiduría.

Esto puede resultar, como toda maravilla auténtica, un tanto aterrador para corazones débiles. Muy en el fondo, todos sabemos que el conocimiento implica cierta cuota de responsabilidad. Visto desde mis ojos, es el privilegio de toda una aventura épica que vale infinitamente la pena vivir cotidianamente.

Yahoo Respuestas, datos y conocimiento


La Liseuse (detalle) 1872, Claude Monet

Cuando el trabajo remunerado arrecia, a veces contrato un asistente, por semana. Es un chico fantástico y muy capaz en las cosas en que es profesional. Sin embargo, estuve a punto de despedirlo una vez, luego del siguiente diálogo:

— ¿Ya tienes los datos que te pedí para el artículo que debo enviar a Los Ángeles?

— Sólo me falta uno, el resto está listo.

— ¡Estupendo! Ya puedo comenzar a escribir, mientras tú consigues lo que falta. A ver, déjame ver lo que tienes. ¿¡Cómo!? ¡Esto no puede ser! ¡Es completamente absurdo! ¿Leíste lo que dice aquí?

— S-s-sí, pero….

— ¿De dónde sacaste esta información?

— D-d-de…. de Yahoo Respuestas…

— Estás bromeando, ¿verdad?

— Claro que no, Karen.

— [larga pausa] ¿Y cómo llegaste allí?

— Bueno…. siempre está en los primeros lugares de la búsqueda en Google, y yo….

Mi propósito con esta entrada no es hacer una crítica de este popularísimo sitio web. Sin embargo, en favor de los lectores desprevenidos, debo establecer algunos hechos, fruto de mi observación y de mi experiencia de años en la Red.

El problema de Yahoo Respuestas

Te hablaré con claridad: Yahoo Respuestas NO es una fuente útil ni confiable de información. Está plagado de opiniones presentadas como hechos, de falsedades, de mentiras y de datos confusos, inexactos, incompletos, engañosos y desorientadores. No lo uses jamás. Punto.

¿Por qué esto es así? A mi modo de ver, se debe a tres factores.

El primero ocurre por la propia estructura del sitio: es la propia persona que pregunta quien determina “la mejor respuesta” y esta “mejor respuesta” es la que tú encuentras en primer lugar cuando te haces la misma pregunta, sea cierta o no, sea completa, adecuada, inexacta o no. Esta se convierte, entonces, en “la” respuesta.

El segundo se debe a la misma razón: la estructura (y, por tanto, la organización y el funcionamiento) del sitio. Y es que una misma pregunta puede ser hecha decenas de veces y puede ser, cada una de estas veces, respondida por decenas de personas, bienintencionadamente o no. De manera que seleccionar una respuesta a veces puede resultar complejo o, al menos, tedioso.

El tercero es que el sitio parece atraer a personas que, a falta de algo mejor que hacer, se dedican a bromear o a comentar en vez de responder la pregunta. Sin embargo, en honor a la verdad, debo decir que también hay allí muchas personas que de verdad parecen querer ayudar a quien pregunta.

En el primer caso, la selección de “la mejor respuesta” por la propia persona que pregunta, no es malo en sí. Podría funcionar, siempre que el preguntador o preguntadora tuviera: a) una mínima idea sobre el tema y b) una capacidad también mínima para determinar si un dato es falso o verdadero. Desafortunadamente, ambas cosas son muy poco comunes, particularmente la segunda, al menos entre el tipo de personas que consulta esta fuente.

El segundo caso no tiene un remedio a toda prueba al alcance de los usuarios.

El tercer caso tiene remedio, pero sería menos trabajoso crear y promover un sitio completamente nuevo.

Sobre los datos, la información y el conocimiento

Los datos, la información, el conocimiento deben tener un propósito, deben servir para algo. Aun el satisfacer una curiosidad puede ser un propósito válido muchas veces. Esta es la razón de por qué no solamente necesitamos información, sino información realmente útil, válida, confiable.

La capacidad para discernir entre la verdad y la mentira, el poder distinguir entre lo correcto y lo incorrecto, entre lo adecuado y lo inadecuado de una información, no es una cuestión de “intuición”. Es una habilidad innata, sí, pero que es necesario recuperar –en la inmensa mayoría de los casos– a través del aprendizaje, la práctica y el ejercicio. Una vez recuperada, ya podemos confiar en nuestra intuición. Tiene su base teórica en la lógica y en la forma en que funciona el pensamiento.

Si carecemos de esa habilidad o no la tenemos en buena forma, nunca alcanzaremos el propósito de la búsqueda de datos o del conocimiento.

Cuando para una persona cualquier dato es exactamente igual a todos los demás, cuando no puede diferenciar siquiera lo importante de lo que no lo es, no importa cuáles ni cuantas fuentes consulte, el resultado no servirá para nada.

Y voy más allá, cuando somos incapaces de ver la verdad, aunque la tengamos frente a nuestras narices y seguimos frenéticamente buscándola, con los ojos cerrados y los oídos sordos, nunca lograremos salir de las dudas, de la confusión, de la ignorancia.

Cualquier persona que navega por Internet es responsable por su propio aprendizaje y su propia comprensión de las cosas; por lo que más le vale ser capaz de evaluar los datos que encuentra, ser capaz de distinguir entre verdad y falsedad. Pero en el caso de un blogger, esta responsabilidad es mucho mayor. Porque lo sepa o no, esté de acuerdo o no o le importe o no, tiene, además, una cuota de responsabilidad por los datos que le comunica a cada uno de sus lectores.