Creación y persistencia

Hay una ley natural que va más o menos así:

Para que algo que has creado persista en este universo, debes continuar creándolo, una y otra vez. De otro modo, tarde o temprano desaparecerá, se desvanecerá, dejará de existir.

Es una ley muy simple y al mismo tiempo es inexorable, como la gravedad. Funciona igual en cualquier parte, nos guste o no nos guste, lo sepamos o no.

Naturalmente, esto tiene todo que ver con tu blog y con el oficio de bloguear. Tiene que ver con tu tráfico, con tus comentarios, con tu ranking…. ¡Pero también tiene todo que ver con tu vida! Las leyes naturales son así: les encanta infiltrarse en todas las actividades humanas y por más que queramos evitarlo a veces, es inútil; ellas siempre tienen la última palabra.

En esta entrada no voy a entrar en el por qué funciona esta ley de la creación y la persistencia, sino simplemente en el cómo. El por qué pertenece al vasto campo de la filosofía y nada más lejos de mi ánimo que adentrarme en sus senderos en este momento.

Creación de contenidos

El ejemplo más común de esta ley, aplicada a los blogs es la producción de entradas.

Por definición, tu blog es un blog mientras se actualice con una mínima regularidad.

Cuando dejas de escribir o de publicar; cuando dejas de crear contenido, simplemente deja de ser un blog.

Tal vez se convierte primero en algo estático, como un sitio web común y silvestre. Luego, de una forma u otra se va desvaneciendo: tienes cada vez menos tráfico; y aunque se quedará flotando por un buen tiempo en la blogósfera, como la basura espacial, no te sorprendas si un buen día ni tú mismo lo puedes encontrar. La creación del cuerpo de un blog: sus entradas, su contenido, se detuvo. El resultado es que ya no hay más blog.

Otra forma de producir esta muerte anunciada, a más largo plazo, es dejar de crear contenido sin dejar de publicar. Es todo un truco. Simplemente comienzas a escribir en automático, “sin alma”. Luego, recurres al copy-paste de contenidos ajenos, a publicar imágenes o videos sin molestarte en escribir siquiera una o dos ideas propias. Aunque de hecho estás publicando, lo cierto es que la creación ha desaparecido. A la larga, obtendrás el mismo resultado.

Creación de líneas de comunicación

En algún momento estableciste líneas de comunicación con tus lectores. Más fuertes o más débiles, pero ahí están.

Ellos vienen a visitarte, los más comunicativos te dejan comentarios, tú los respondes…. cuando vienes a ver, no sólo tienes en tus manos una red de comentaristas —bloggers o no— sino que si te descuidas, puedes llegar hasta a crear amigos. Sí, amigos de verdad. De aquellos que se sienten igual o más cercanos que los que te visitan en carne y hueso.

La sensación es maravillosa. Es casi como enamorarse. Ya no estamos solos…. tenemos lectores, tenemos comentaristas, tenemos amigos. Magia de la buena.

Sin embargo, un mal día te levantas con el pie izquierdo y comienzas a detener tu creación de esta red, empiezas a dejar de crear estas líneas de comunicación, a dejar de crear estos amigos. Te pesa escribirles, no te dan ganas de visitarlos, de comentar en sus blogs, de responder sus comentarios. Comienzas a encontrarle el lado oscuro a este asunto de las relaciones virtuales. Y, cómo no, empiezas a elaborar toda clase de teorías que justifican a la perfección tu cambio de actitud hacia lo que fue el resultado de tu propia creación.

Las explicaciones y las justificaciones pueden ser magistrales, pero no impedirán que tu blog deje de ser un blog si al final detienes la creación de tus líneas de comunicación. Si dejas de inyectarles interés, afecto, atención. Si simplemente cortas estas líneas, o las apagas, como si se tratara de un aparato electrónico y no de algo vivo.

Con ellas, también se irá por la borda una parte de ti. Esa misma parte que se sintió extasiada, feliz, dichosa y afortunada de haber creado una gran cantidad de aquello por lo que realmente vale la pena levantarse cada mañana: comunicación, afecto, realidades compartidas, juegos.

Creación del propósito… y dos noticias

Lo he dejado para el final porque es lo más importante.

Por más extraño que te pueda parecer, hay algo más que necesiamos crear continuamente: nuestro propio propósito para haber abierto nuestro blog en primer lugar. O para haber iniciado cualquier otra actividad en la vida.

Cuando no continuamos creando este propósito, tarde o temprano ya no tendremos contenidos, ya no tendremos líneas de comunicación, ya no tendremos blog. No importa cuál haya sido este propósito inicial, no importa si lo recordamos o no, si estamos conscientes de él o no.

Dicen que mal de muchos, consuelo de tontos. No obstante, me atrevería a afirmar que no hay un solo blogger en el mundo con un blog de más de un año que no haya pasado al menos una vez por estas etapas de creación detenida.

La mala noticia es que el dejar de crear no hace que entremos en un círculo vicioso de creación detenida. No. Nos coloca en una espiral descendente, que es mucho peor. Bajamos en mayor picada y con mayor aceleración, mientras más tiempo dejamos prolongar la falta de creación.

La buena noticia es que hay remedio.

El remedio

Crear. Crear. Crear.

Y volver a crear.

Una y otra vez y siempre.

No hay otra manera.

En un blog, en una relación, en un trabajo, en una vida. En todos ellos funciona exactamente el mismo principio. ¡Creamos hasta nuestras propias emociones, por más difícil que resulte creerlo!

No importa el nivel de deterioro al que haya llegado tu blog, tu relación, tu trabajo, tu vida, tu estado de ánimo. Lo único que necesitas es encontrar dónde dejaste tirado tu propósito inicial, localizarlo. Y si no lo encuentras…… simplemente —ya lo adivinaste— ¡creas uno! nuevecito y resplandeciente.

Sea que lo encuentres y logres recogerlo, limpiarle el polvo y devolverle un poco de su brillo original, o que crees uno nuevo; te verás colocado instantánea y automáticamente de vuelta en la espiral ascendente de creación de contenidos, de líneas de comunicación, de vida….. donde el infinito es el único límite.

Santo remedio.

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