Consecuencia o conveniencia

Un amigo muy querido, un blogger maravilloso, perdió la mayor parte de su trabajo de 4 años a causa del cierre de Megaupload, su pérdida y la de sus miles de lectores es inconmensurable. Lo ocurrido con él y las cosas que han venido sucediendo en la web en las últimas semanas me han puesto a reflexionar y quiero compartir esas reflexiones contigo.

No ha nacido el navegante que no tenga en su disco duro al menos un archivo que infringe el copyright, sea que lo haya obtenido de manera directa o indirecta, así como difícilmente exista alguien que alguna vez en su vida no haya infringido alguna ley o al menos un código ético o moral, propio o impuesto. Algo como lo que decía Jesús sobre “la primera piedra”.

¿Convierte este hecho a la nuestra en una especie de criminales sobre los que debe caer de inmediato todo el peso de la ley? ¿O debemos “perdonar” y hacernos de la vista gorda ante los crímenes más horrendos?

Por supuesto que no. Tendríamos que ser capaces de diferenciar, de otro modo caemos en la ecuación irracional por excelencia: todo es igual a todo lo demás.

En general, en nuestra civilización estas diferencias se establecen por lo que la persona tiene o por lo que hace. Quienes se encargan de llevar a cabo lo que llamamos “justicia”, son influenciados por cosas como la cuenta bancaria, la profesión y el cargo de alguien, o la falta de estas cosas: lo que alguien tiene y lo que hace. Las leyes que preceden a estas acciones favorecen, en general, a quienes más tienen y a ciertos haceres por encima de otros. Exactamente del mismo modo, quienes son afectados negativamente por este estado de cosas utlizan la misma vara para hacer sus mediciones; así resulta la muy popular opinión de que si alguien tiene una abultada cuenta bancaria o si ocupa un alto cargo en el gobierno, esa persona DEBE ser un criminal de la peor calaña.

Grave error en ambos casos.

Como estableció el Maestro Sócrates hace siglos atrás, el ser humano es bueno y ético por naturaleza. Yo he aprendido que la inmensa mayoría de las personas lo es, básicamente y que, además, es mejorable. No es fe, he vivido años suficientes como para haberlo comprobado más allá de toda duda. Y esto no depende ni ha dependido nunca de lo que alguien hace o de lo que tiene, sino de lo que alguien ES.

Son las intenciones de una persona al actuar, sus metas y propósitos, lo que debe usarse como base para establecer si merece o no la libertad y la igualdad en la que –de acuerdo a la Declaración Universal de los Derechos Humanos– todos nacemos.

Ser ético por naturaleza significa entre muchas otras cosas, que tenemos ciertos principios sólidos en cuanto a lo que es correcto y a lo que no lo es. Uno de estos principios y uno de los más cuestionados, desde los tiempos de la Revolució Industrial, es el derecho a la propiedad. Tal cuestionamiento es lo que está en el fondo de todo lo que está ocurriendo en este momento en la web.

O estamos de acuerdo con la propiedad o no lo estamos.  Si no estamos de acuerdo, pues adelante, actuemos en consecuencia, pero permitamos que los demás también lo hagan. Si estamos de acuerdo, pues también. Es tan sencillo como eso, aunque podemos complicarlo y lo hemos complicado hasta el infinito.

Una de las complicaciones es cuando se mezcla la propiedad y la “justicia”. ¿Es justo que Pedro tenga 2 mil y yo 2? O el clásico “a Juan lo meten a la cárcel por robarse un pollo y al dueño de la empresa tal, que es un evasor de impuestos, no”. A nadie se le ocurre pedirle su opinión al dueño del gallinero, aunque probablemente si éste comprobara que Juan se lo robó porque tenía hambre, retiraría la querella en su contra. Otra cosa es que Juan le robe un pollo semanal… ¿Cuál sería el límite aceptable de pollos que Juan podría robar sin ir a la cárcel? (después de todo, necesita comer todos los días). Es una pregunta absurda ¿no? Volvemos a lo mismo, hay propiedad o no la hay. El hecho de que Juan no consiga trabajo hace dos meses es un problema completamente diferente, con sus propias causas, responsabilidades y posibles soluciones. Cuando tratamos de mezclar el agua y el aceite para justificar lo que a menudo es injustificable, todo se vuelve una confusión donde prevalece el “todo es igual a todo lo demás”.

No tiene nada de bueno ni de honorable ser una oveja. Ni una víctima. No tiene nada de bueno ni de honorable el hecho de ser pobre. Tener dinero no hace a una persona mala, peligrosa, ladrona ni debería convertirla automáticamente en un blanco. Únicamente sus intenciones y sus metas son lo que determina de qué lado está.

El argumento más firme de quienes promueven la desaparición o el irrespeto al copyright (mal llamado en español “derechos de autor”, ya que estos derechos casi nunca pertenecen al autor) es precisamente el hecho de que alguien distinto al autor de la música, la película o la aplicación es el dueño de los derechos de reproducción (la forma elegante de llamar a la copia). Estos son los villanos de la película, los megamillonarios a los que hay que atacar, boicotear y destruír. Todavía no existe acuerdo sobre si el megamillonario dueño de Megaupload cae o no dentro de esta categoría, ya que era dueño de una compañía que favorecía la “libertad del conocimiento”.  La duda es por los megamillones. Menudo dilema…. si este hombre hubiese sido un ciudadano común y corriente, con alguna o mucha dificultad para pagar el arriendo todos los meses, estarían lloviendo las solicitudes al Vaticano para su canonización inmediata.

Existe el derecho (aunque no siempre la libertad) de pensamiento y de expresión. Podemos tener nuestros propios principios y creer en lo que queramos creer. Pero ¡por Dios! actuemos en consecuencia con lo que creemos. La jungla plagada de alimañas en que vivimos la hemos cultivado cada uno de nosotros por imposible que nos resulte reconocerlo, con nuestras acciones y nuestras inacciones. No va a venir ningún superhéroe a salvarnos o quizá ya se fue por donde vino porque nadie quiso escucharlo o ayudarlo.

Cada vez que actuamos en contra de nuestros propios principios estamos cubriendo de vidrio nuestro tejado, haciéndonos más y más vulnerables. Al final, acabamos ladrándole a los automóviles o, peor, balando lastimosamente.

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11 resoluciones para bloggers en 2011


Los estadounidenses no se pierden en eso de las resoluciones de Año Nuevo. No sé si las cumplen o no, pero de hacerlas, seguro que las hacen, con disciplina y energía envidiables. Hasta ahora no he visto resoluciones de bloggers en español, prefiero pensar que es un asunto de pura idiosincracia, sin mayores consecuencias…

He preparado una lista de 11 resoluciones para bloggers de cualquier nivel de experticio, de manera que puedas adaptarla rellenando los espacios en blanco de manera que se ajuste a tu realidad. Se basa en las cosas que necesitas hacer para que tu blog sea exitoso y sea un placer y una aventura escribir en él, no un acto tedioso y mecánico que hacemos por alguna clase de obligación autoimpuesta.

Aquí la tienes:


Yo, ___________________ [nombre], blogger/bloggeresa profesional/aprendiz avanzado/aprendiz/aspirante, [marcar el que corresponda] por este medio me comprometo conmigo mismo, a cumplir las siguientes 11 metas, objetivos o resoluciones:

  1. Para finales de febrero, haber adoptado el ritmo constante de publicar al menos una entrada cada ____ días. (Aquí es recomendable un número máximo de 14, se supone que escribirás una entrada, no una novela).
  2. Para principios de marzo, a más tardar, haber ajustado mi tiempo, mi horario y mi blogroll, a fin de visitar, leer y comentar cómodamente a cada miembro de mi blogroll mínimamente cada ____ días. (Escribe un número máximo de 60, no tiene sentido que recomiendes a tus lectores un blog que tú mismo no frecuentas. Si tu blogroll es kilométrico, considera hacer una ligera depuración. La calidad es más importante que la cantidad. No necesitas sentirte obligado a incluír en tu blogroll a todo el que te incluya a ti).
  3. Para finales de enero, haber ajustado mi agregador de blogs/websites o la lista de blogs y websites que visito regularmente, a fin de visitar, leer y comentar cómodamente sólo lo que me interesa y me es útil. (Si alguna vez has calculado el tiempo que pasas leyendo cosas que olvidas cinco minutos después por la poca trascendencia que tienen para ti, comprenderás el por qué de esta resolución).
  4. Suscribirme cuanto antes al blog de WordPress.com en español para mantenerme al tanto de los cambios y novedades. Comentar en el blog, ayudar en las traducciones, en los foros de ayuda para novatos, o involucrarme de algún modo en la comunidad WP. (Es un asunto elemental de intercambio: Recibes en la medida en que das y vice-versa).
  5. Asegurarme en cada entrada de dar el crédito correspondiente, correcto y adecuado a las citas e imágenes que utilizo en mi blog y nunca usar nada sin licencia o permiso. (Esto no sólo significa mantener tu palabra en el acuerdo que hiciste con WordPress al iniciar tu blog, sino que responde también a la explicación del punto anterior).
  6. A más tardar para junio, haber leído y estudiado esos libros/artículos o haber hecho ese curso/taller que tengo en “pendiente”, a fin de mejorar mi ortografía/gramática/estilo [marcar el/los que corresponda] y el aspecto de mi blog.
  7. Escribir, en lo que resta de enero, una lista de los ____ libros que quiero leer este año, dejando ____ espacios en blanco para los que puedan aparecer en el futuro. (Te recomiendo un mínimo de 6 en el primer espacio. No existen bloggers profesionales que no sean a la vez ávidos y entusiastas lectores.)
  8. Para mediados de febrero, haber logrado establecer/recuperar/mantener un horario de lectura diaria (o, al menos, semanal) y ceñirme a él como si fuera una prescripción médica.
  9. Mientras leo o estudio, nunca jamás volver a pasarme una palabra que no comprendo completamente sin aclararla en un diccionario o glosario adecuado a mi nivel. Y luego de haber comprendido su definición, hacer oraciones con la palabra, hasta que me sienta cómodo utilizándola.
  10. Desde este momento en el tiempo, jamás volver a dejar un comentario sin respuesta (o al menos un acuse de recibo) en mi blog. Y nunca nunca nunca responder o escribir un comentario si no deseo hacerlo. (Sé lo que escribí y no tiene que ser contradictorio. El querer o no querer hacer algo, lo creas o no, está completamente en tus manos).
  11. Suscribirme a este blog, inmediatamente. :-)

Las últimas tres no tienen opciones de cantidad ni de tiempo. Son tajantes y literales.

Espero que esta lista pueda serte útil. Sea así o no, déjame saber en un comentario y cuéntame, ¿cuáles son tus resoluciones?

El poder de las respuestas (II)

Pierre Auguste Renoir
Le Bal au Moulin de la Galette (detalle) 1876, Pierre Auguste Renoir

En una entrada anterior revisaba los efectos espectaculares que pueden crear las respuestas y la falta de ellas. En esta entrada, reviso uno de los factores más frecuentes que pueden llegar a bloquear por completo la capacidad para comunicar de una persona.

Se trata del mismo mecanismo que inhibe la comunicación en toda sus manifestaciones. Como yo lo veo, es la clave no sólo de los problemas de comunicación, sino de la ruina de la humanidad y de la Humanidad.

Son las ocultaciones.

Una ocultación es, sencillamente, lo que hacemos inmediatamente después de que cometemos una fechoría, una falta o hasta un error; cuando violamos un acuerdo, o un precepto ético o moral: lo escondemos, tratamos por todos los medios de que alguien en particular no se entere.  La “travesura” o la transgresión puede ser algo tan inocente como haber dejado de transmitir un mensaje que prometimos transmitir, hasta haber apretado el botón (o haber dado la orden, es lo mismo) que hará volar en pedazos un planeta habitado. La secuencia fechoría —> ocultación ocurre, generalmente, de forma tan automática que ni cuenta nos damos.

Sucede que con muy pocas excepciones —no pasan nunca de un 20% de los casos— las personas no nos sentimos orgullosas de estos desmanes cometidos por descuido, por ignorancia, por error o por mal cálculo. Y hasta en los raros casos en que sí tuvimos la intención de dañar, terminamos luego arrepintiéndonos, al ver los resultados.

En la niñez y en la juventud temprana, la vergüenza o el miedo a las consecuencias nos llevó a descubrir el “yo no fui”: la ocultación a punto de ser descubierta, el último recurso luego de que nos fallara esconder los pedazos debajo de la alfombra. En la vida adulta agregamos nuevas modalidades. Por ejemplo, no son pocas las veces que consideramos que revelar nuestras fechorías haría más daño que bien o le causaría problemas a quien debería saberlo. Y así, se lo ocultamos o mentimos, para protegerle.

Las ocultaciones se van encadenando unas con otras a lo largo de la vida y si logramos llegar, yendo hacia atrás, a la primera de una cadena, encontramos ahí, invariablemente, incluso en el caso de un asesino en serie, que ocultamos algo PORQUE no queríamos causar aún más daño al revearlo. A partir de esa primera ocultación, el mecanismo se vuelve una costumbre, se vuelve automático y progresivo, la persona se introvierte cada vez más y esa es la espiral descendente de las relaciones. Las ocultaciones tarde o temprano destruyen la comunicación, la cercanía entre las personas, los acuerdos, las parejas, los grupos, las vidas. Es trágico en verdad.

Hay mucho más que saber sobre el tema, especialmente en cuanto a cómo deshacernos de la influencia dañina de nuestras ocultaciones y este no es el espacio más adecuado para abundar sobre él. Si te interesa el tema, déjame un comentario o envíame un correo [karenvonblixen @ gmail.com] y con gusto te indicaré cómo obtener más información.

Lo que sí quiero transmitir aquí es cómo se aplica este dato sobre las ocultaciones a los blogs y a los bloggers:

Si en algún momento sientes que la motivación para comunicarte con tus lectores o con otros bloggers ha disminuido notablemente o ha desaparecido por completo y quieres hacer algo al respecto para remediarlo, puedes hacerlo. Simplemente, pregúntate qué puedes haberles hecho a estas personas, qué puedes haberles ocultado… qué promesas pueden estar por ahí apiladas, incumplidas. Cuáles comentarios que ameritaban una respuesta se han quedado sin ella.

A menudo, es suficiente con una inspección simple y unas cuantas respuestas honestas a estas preguntas para despertar el deseo apremiante de volver a ponernos en comunicación con los lectores, con los comentaristas, con otros bloggers.

Algunas veces, se necesita un poquito más: ponernos al día en los artículos que prometimos escribir, responder esos comentarios pendientes… A veces, se requiere aún más. Necesitamos limpiar otras áreas de nuestra vida que pueden haberse bloqueado con las ocultaciones para recuperar las ganas de estar nuevamente en comunicación con el mundo.

Pero sea lo que sea necesario, vale la pena comenzar. No hay nada más placentero que una buena línea de comunicación, de doble vía, con alguien a quien apreciamos.

Creación y persistencia

Hay una ley natural que va más o menos así:

Para que algo que has creado persista en este universo, debes continuar creándolo, una y otra vez. De otro modo, tarde o temprano desaparecerá, se desvanecerá, dejará de existir.

Es una ley muy simple y al mismo tiempo es inexorable, como la gravedad. Funciona igual en cualquier parte, nos guste o no nos guste, lo sepamos o no.

Naturalmente, esto tiene todo que ver con tu blog y con el oficio de bloguear. Tiene que ver con tu tráfico, con tus comentarios, con tu ranking…. ¡Pero también tiene todo que ver con tu vida! Las leyes naturales son así: les encanta infiltrarse en todas las actividades humanas y por más que queramos evitarlo a veces, es inútil; ellas siempre tienen la última palabra.

En esta entrada no voy a entrar en el por qué funciona esta ley de la creación y la persistencia, sino simplemente en el cómo. El por qué pertenece al vasto campo de la filosofía y nada más lejos de mi ánimo que adentrarme en sus senderos en este momento.

Creación de contenidos

El ejemplo más común de esta ley, aplicada a los blogs es la producción de entradas.

Por definición, tu blog es un blog mientras se actualice con una mínima regularidad.

Cuando dejas de escribir o de publicar; cuando dejas de crear contenido, simplemente deja de ser un blog.

Tal vez se convierte primero en algo estático, como un sitio web común y silvestre. Luego, de una forma u otra se va desvaneciendo: tienes cada vez menos tráfico; y aunque se quedará flotando por un buen tiempo en la blogósfera, como la basura espacial, no te sorprendas si un buen día ni tú mismo lo puedes encontrar. La creación del cuerpo de un blog: sus entradas, su contenido, se detuvo. El resultado es que ya no hay más blog.

Otra forma de producir esta muerte anunciada, a más largo plazo, es dejar de crear contenido sin dejar de publicar. Es todo un truco. Simplemente comienzas a escribir en automático, “sin alma”. Luego, recurres al copy-paste de contenidos ajenos, a publicar imágenes o videos sin molestarte en escribir siquiera una o dos ideas propias. Aunque de hecho estás publicando, lo cierto es que la creación ha desaparecido. A la larga, obtendrás el mismo resultado.

Creación de líneas de comunicación

En algún momento estableciste líneas de comunicación con tus lectores. Más fuertes o más débiles, pero ahí están.

Ellos vienen a visitarte, los más comunicativos te dejan comentarios, tú los respondes…. cuando vienes a ver, no sólo tienes en tus manos una red de comentaristas —bloggers o no— sino que si te descuidas, puedes llegar hasta a crear amigos. Sí, amigos de verdad. De aquellos que se sienten igual o más cercanos que los que te visitan en carne y hueso.

La sensación es maravillosa. Es casi como enamorarse. Ya no estamos solos…. tenemos lectores, tenemos comentaristas, tenemos amigos. Magia de la buena.

Sin embargo, un mal día te levantas con el pie izquierdo y comienzas a detener tu creación de esta red, empiezas a dejar de crear estas líneas de comunicación, a dejar de crear estos amigos. Te pesa escribirles, no te dan ganas de visitarlos, de comentar en sus blogs, de responder sus comentarios. Comienzas a encontrarle el lado oscuro a este asunto de las relaciones virtuales. Y, cómo no, empiezas a elaborar toda clase de teorías que justifican a la perfección tu cambio de actitud hacia lo que fue el resultado de tu propia creación.

Las explicaciones y las justificaciones pueden ser magistrales, pero no impedirán que tu blog deje de ser un blog si al final detienes la creación de tus líneas de comunicación. Si dejas de inyectarles interés, afecto, atención. Si simplemente cortas estas líneas, o las apagas, como si se tratara de un aparato electrónico y no de algo vivo.

Con ellas, también se irá por la borda una parte de ti. Esa misma parte que se sintió extasiada, feliz, dichosa y afortunada de haber creado una gran cantidad de aquello por lo que realmente vale la pena levantarse cada mañana: comunicación, afecto, realidades compartidas, juegos.

Creación del propósito… y dos noticias

Lo he dejado para el final porque es lo más importante.

Por más extraño que te pueda parecer, hay algo más que necesiamos crear continuamente: nuestro propio propósito para haber abierto nuestro blog en primer lugar. O para haber iniciado cualquier otra actividad en la vida.

Cuando no continuamos creando este propósito, tarde o temprano ya no tendremos contenidos, ya no tendremos líneas de comunicación, ya no tendremos blog. No importa cuál haya sido este propósito inicial, no importa si lo recordamos o no, si estamos conscientes de él o no.

Dicen que mal de muchos, consuelo de tontos. No obstante, me atrevería a afirmar que no hay un solo blogger en el mundo con un blog de más de un año que no haya pasado al menos una vez por estas etapas de creación detenida.

La mala noticia es que el dejar de crear no hace que entremos en un círculo vicioso de creación detenida. No. Nos coloca en una espiral descendente, que es mucho peor. Bajamos en mayor picada y con mayor aceleración, mientras más tiempo dejamos prolongar la falta de creación.

La buena noticia es que hay remedio.

El remedio

Crear. Crear. Crear.

Y volver a crear.

Una y otra vez y siempre.

No hay otra manera.

En un blog, en una relación, en un trabajo, en una vida. En todos ellos funciona exactamente el mismo principio. ¡Creamos hasta nuestras propias emociones, por más difícil que resulte creerlo!

No importa el nivel de deterioro al que haya llegado tu blog, tu relación, tu trabajo, tu vida, tu estado de ánimo. Lo único que necesitas es encontrar dónde dejaste tirado tu propósito inicial, localizarlo. Y si no lo encuentras…… simplemente —ya lo adivinaste— ¡creas uno! nuevecito y resplandeciente.

Sea que lo encuentres y logres recogerlo, limpiarle el polvo y devolverle un poco de su brillo original, o que crees uno nuevo; te verás colocado instantánea y automáticamente de vuelta en la espiral ascendente de creación de contenidos, de líneas de comunicación, de vida….. donde el infinito es el único límite.

Santo remedio.