Twitter volant, blogi manent


Un sabio, muy famoso y muy antiguo proverbio latín, tan antiguo como el mundo occidental, reza:

Verba volant, scripta manent.

Significa que las palabras se las lleva el viento, lo escrito, permanece. Puedes utilizarlo de dos maneras: Teniendo cuidado con lo que escribes (y lo que firmas), ya que al permanecer, podría en el futuro actuar en tu contra. O también, sabiendo que “si algo no está escrito, no es verdad”, o no tiene, para los fines, validez.

Sucedió que hallé la solución a una especie de dilema existencial o, más bien, a un temor secreto que tuve por mucho tiempo. Por esa razón, puedo al fin confesarlo. Tenía digamos que cierta aprensión con respecto al futuro de los blogs, en vista del éxito tan arrollador que parecen tener redes como Twitter y Facebook. Y aunque me decía a mí misma: “No te preocupes, Karen, esas cosas están condenadas a desaparecer, desde el mismo instante en que fueron creadas…”, siendo completamente honesta, no acababa de convencerme. Sentía que me faltaba un argumento de peso. Carecía de hechos técnicos que fueran más allá de las leyes de la comunicación interpersonal, por más inmutables u omnipresentes que sean estas leyes.

Hace unos días encontré ese argumento. A través de varios links, llegué a una entrada de Debbie Well, donde encontré lo que había estado buscando por años. Pero fui un poco más allá: luego de haber encontrado este dato tan vital, hice lo que nunca pensé que llegaría a hacer: abrí una cuenta en Twitter. Y me pasé un día completo observando sus movimientos, sus trinos y sus aleteos. De esta manera, puedo escribir por experiencia de primera mano, no sólo porque me hace sentido lo que dice otra bloggeresa.

Así, ahora puedo afirmar, con la cabeza muy en alto y sin ninguna duda ni reserva: Twitter volant, blogi manent. Los blogs permanecerán porque esa es su naturaleza: la permanencia. Un día cualquiera, el volátil pajarito azul irá más allá del límite y ya no podrá regresar…. porque volar es su naturaleza.

Lo que los bloggers escribimos en nuestros blogs permanece. Tiene unas coordenadas en la inmensidad del ciberespacio. Se puede volver a encontrar. Por magia, maravilla y virtud del inefable permalink, a menos que tú mismo lo borres, estará allí, disponible para el mundo mientras exista Internet, sin importar hace cuánto tiempo lo escribiste y lo publicaste.

Por el contrario, en el fondo de cada página de Facebook o de Twitter hay un agujero negro donde van a dar todos tus mensajes, tus regalitos, tus links, tus pensamientos, tus preguntas y tus respuestas. No son recuperables. Simplemente se pierden, se los lleva el viento, vuelan como el pajarito azul.

Me dirás que hay secciones en Facebook que permanecen y que le dan cierto aspecto de sitio web, como las fotos, los amigos, los enlaces que publicas, es cierto. Pero si tienes una cuenta en Facebook, como la mitad de los habitantes de este planeta, sabes que la parte de interacción con tus visitantes, simplemente se desvanece en la nada. Si no la viste tu muro a tiempo (y tienes mucho tráfico), nunca llegarás a ver esos mensajes que te dejaron.

Naturalmente, la permanencia en la comunicación y en las relaciones no es un asunto igualmente importante para todo el mundo. En la medida en que las sociedades, las personas y las relaciones se vuelven más y más mecánicas, automáticas y utilitarias, llega un punto de deterioro en el que la comunicación pierde toda su importancia, su significado, su valor y su magia. Y lo cierto es que muchas más personas de las que pensamos –y de las que quisiéramos– se encuentran en ese nivel. Por más que lo intentemos, no se puede tapar el sol con un dedo.

Afortunadamente, habrá blogs y bloggers mientras haya Internet. No todo está perdido.

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Facebook y los reencuentros

Hace mucho que tenía pendiente una expedición a Facebook. La razón: secuestros aparentemente voluntarios de amigos propios y ajenos. Recientemente, tuve que prestarle mi hombro a varios amigos que se quejaban amargamente porque Facebook les había arrebatado amigos entrañables. Algo similar escuché de padres que habían perdido a sus hijos y de novias que habían perdido a sus novios entre las garras virtuales de esta red.

Yo pensaba que exageraban, hasta que me pasó a mí. Así fue que decidí investigar de qué se trataba todo el asunto, me dispuse a explorar a fondo las entrañas del monstruo a fin de conquistarlo y, quizá, de paso, rescatar a algún rehén, por más feliz que viviera en su cautiverio.

Facebook y yo

Tenía cierta idea de por dónde andaba la cosa, ya que hace unos tres años, después de haberme estado resistiendo por meses y meses, había cedido a la tentación, abriendo una cuenta. Novata al fin, comencé de inmediato a agregar, a manos llenas, nombres a mi lista de amigos, suscripciones a páginas de toda clase de cosas que me gustaban, así como un sinfín de pequeñas, tiernas y amables aplicaciones (M dice que son como gremlins), para enviar plantas en maceta, galletitas virtuales y abrazos. Muy pronto sucedió que entre mis amigos verdaderos tenía más de una docena de “amigos” que no tenía la menor idea de quiénes eran; quería borrarlos, pero no me sentía capaz de hacerlo (cuestión de modales); no me sentía cómoda sabiendo que podían ver y leer mis fotos y escritos algo más privados. Por otra parte, había momentos en que dedicaba un tiempo y una atención excesivos a informaciones y comunicaciones que, la verdad sea dicha, no me interesaban realmente. Hasta que a las dos semanas de haberme inscrito, opté por retirarme abruptamente. Había perdido todo posible control.

Así que esta vez decidí buscar refuerzos. Y hacer de la expedición un “dos contra uno” a fin de garantizar el éxito. Le pedí a mi querida amiga M que me ayudara, como scout de avanzada; que le dedicara una hora al día a esta red y que hiciera, además, una pequeña encuesta entre sus amigos, cosa que llevó a cabo impecablemente.  Cada tres días me daba un informe de avance y cuando logró establecerse por 3 semanas en pleno territorio enemigo, luego de comprobar que su cordura y sensatez seguían intactas, incluso al pasarse dos o tres días completos sin entrar, dimos por concluido el experimento. Habíamos recogido información muy valiosa y nos dedicamos a analizarla cuidadosamente para extraer toda posible enseñanza, ya que no logramos extraer al cautivo en cuestión. No tuvimos corazón de intentarlo siquiera, de lo feliz que se veía.

Las enseñanzas aprendidas

Como casi todo en la vida, Facebook tiene cosas buenas y malas, algunas de por sí, algunas que son consecuencia de un mal uso.

Mi conclusión general es que es posible hacer trabajar a Facebook para ti, siempre y cuando se trate de algo relacionado con el propósito para el que se creó: servir de puente para reencuentros con viejos amigos y viejos amores. Indudablemente que en cuanto a esto funciona y muy bien. No los encontrarás a todos, pero sí a unos cuantos; aunque la cantidad que encontrarás parece ser inversamente proporcional a tu edad y, por ende, a la necesidad que puedas tener de este servicio.

Aparte de las cuestiones de sentido común y seguridad que aplican a cualquier servicio de red en la navegación en Internet (cosas elementales, como que NO pones tu número de tarjeta de crédito ni de teléfono en tu perfil); algunas conclusiones puntuales, fruto de nuestra observación, experiencia directa y respuestas a la encuesta fueron:

  • Si buscas a alguien, lo encontrarás. Medio mundo está en Facebook y conoce a la otra mitad que no está. Es impresionante. Pienso que a esto debe su éxito. Pocas empresas logran siquiera acercarse a su propósito básico y las que logran alcanzarlo o se encaminan hacia él sin grandes desvíos, tienen asegurada una larga existencia.
  • Si eres del tipo de persona que le gusta profundizar en las relaciones, tómalo con calma. Disfruta los reencuentros al máximo y cuando haya pasado la euforia inicial, cultiva la recién hallada relación en otro espacio. Facebook es sólo para conversaciones casuales y superficiales. Si buscas algo más allá, no lo encontrarás allí.
  • Si te gusta escribir y la comunicación de doble vía, abre un blog o usa tu correo. Facebook es más para las personas que prefieren ser receptores en la comunicación. Si eres de los que les gusta originar comunicación, verás que puedes publicar y republicar todo lo que quieras, pero tarde o temprano, la falta de respuesta te hará sentir frustrado.
  • Si le das un mínimo valor a tu privacidad, sé selectivo con los amigos que aceptas, las páginas a las que te suscribes y las aplicaciones o juegos a los que das cabida. Es muy desagradable borrar a alguien que has aceptado como “amigo” (y casi imposible de hacer, por el sentimiento de culpa). Pero, créeme, tarde o temprano querrás no haber aceptado a unos cuantos.
  • Si aprecias mucho tu privacidad, acepta a primer impulso sólo a los que son verdaderamente tus amigos –esos que no te importaría que te vieran en ropa interior– y las demás solicitudes déjalas en espera por tres o cuatro días. No pasará nada malo. Si luego de ese tiempo todavía estás seguro de querer tenerlos en tu lista, acéptalos; si tienes la menor duda, no lo hagas. Esa persona no sabrá a qué se debe y es parte de las reglas del juego, no pasa nada. A mí no me aceptó todo el mundo. La aceptación no es obligatoria.
  • Facebook aún no tiene “niveles” en cuestión de privacidad. De ser posible, no mezcles en tu cuenta contactos profesionales con amigos de infancia, por ejemplo. No tengas la menor duda de que estos últimos te etiquetarán en fotos que no querrás de ningún modo que tu jefe vea.
  • Si buscas promover una idea, puedes tener éxito o no, dependiendo de lo que se trate. Una causa o campaña de cierta trascendencia sólo funciona si se contrata a alguien que se dedique a promoverla a través de ese medio. El nivel de interés y participación de los usuarios de Facebook en las “causas” que se promueven en esa red es directamente proporcional a su trivialidad y falta de propuestas.

Para finalizar, te dejo con la historia del rehén que fuimos a buscar M y yo, una hermosa historia escrita hace pocos días, y comprenderás por qué nos retiramos en puntillas, luego de decidir dejarlo en paz…. por un tiempo al menos.