Las 10 mejores entradas de mi blog

Luego de 5 años y medio, 138 entradas (pensé que eran más) y respuestas a más de 2 mil comentarios, creo que es el momento de una breve recapitulación.

Revisando lo escrito, me asombra comprobar que en este mundo de Internet que no camina sino que corre a gran velocidad, hay cosas que escribí hace 5 años y siguen siendo perfectamente ciertas y aplicables, pero ¿cómo las encuentras? Sólo los lectores más antiguos (la minoría) leyeron estas entradas. Para la mayor parte, son inexistentes.

A principios de año hice un intento de selección en mi barra de navegación, pero no estoy contenta con el resultado. Así que he decidido cambiar de método y al mismo tiempo, ampliar la selección.

No se trata, necesariamente, de las entradas más populares; me temo que lo popular y lo mejor nunca han sido ni serán sinónimos; pero sí de entradas que como blogger no te puedes perder.

En ningún orden en particular, aquí están:

  • El drama de la página en blanco. Una de mis favoritas escritas por M: Escribir en un blog es un oficio y como todos los oficios bajo el sol, no es para todo el mundo…
  • Sobre estrellas y estrellas fugaces. Si se resumiera en UNA sola palabra lo que un blogger necesita para sobrevivir como blogger, seria la persistencia…
  • El privilegio del discernimiento. No todos los datos son verdaderos, no todos son útiles, no todos tienen la misma importancia relativa…
  • Las palabras. Las palabras son tu materia prima como blogger. Pero son mucho más que eso y tienen sus trucos y misterios…
  • Antes de comenzar tu blog en WordPress.com. Antes de comenzar tu blog, necesitas saber tres claves. Conocerlas, te ahorrará mucho tiempo…. ¡y frustraciones!
  • 4 claves en la apariencia de tu blog. El contenido de tu blog es, sin duda, lo más importante. Pero en cuanto a su apariencia, los puntos clave se describen en esta entrada.
  • Comunicación: crimen y castigo. Mi amigo el Gran Sabio plantea que los mayores crímenes en este universo común que habitamos son estar ahí y comunicar
  • ¿Calificas para blogger? Otro de mis favoritos de los escritos de M. Puedes considerar esta entrada como tu Biblia como blogger.
  • El tiempo, el implacable. Todo el mundo sabe que el tiempo en Internet es “diferente” al tiempo “de afuera”. Lo que no todos saben es que el tiempo es nuestra creación, podemos utilizarlo; somos causa sobre él…
  • Consecuencia o conveniencia. Mi punto de vista sobre un tema vital: el copyright, mal llamado “derechos de autor” y la censura en Internet.

Si se me ha quedado alguna entrada enredada en las teclas, o si tienes un comentario sobre alguna de ellas, me encantará saber tu opinión.

No escuches, mira

Hace 100 años, en el apogeo de la Segunda Revolución Industrial, a nadie en su sano juicio se le habría ocurrido que la sustitución del vapor por el petróleo podría ser un remedio peor que la enfermedad. Y sin embargo lo fue. No sólo desde el punto de vista ecológico, sino político y económico. Un siglo y medio de uso del petróleo como fuente principal de energía en todo el planeta ya es más que suficiente. Hemos llegado a un punto en que necesitamos cambiar de idea sobre la energía, si es que esperamos sobrevivir como especie. Más temprano que tarde, altos funcionarios en cada país deberán tomar la decisión crucial.

En el estacionamiento de un pequeño hotel en las afueras de una ciudad dos amantes se despiden apresuradamente. Durante cuatro años han compartido todo cuanto pueden compartir los amantes, en jirones de tiempo robado y cuidadosamente escondido de los ojos del mundo. Una y otra vez, el momento de la separación es justo como lo describe Shakespeare: una pequeña muerte. Después de tanto tiempo, las mentiras ya pesan demasiado, el amor que no puede vivir pero que nunca muere ya no cabe en los escondites usuales y los hijos…. siempre los hijos. La situación es insostenible, deben tomar una decisión crucial.

Luego de una semana de trabajo intenso para dar a luz su primer blog, habiendo leído, tragado y digerido al menos en parte cientos de páginas web sobre el particular, un blogger llega al punto en que debe decidir cuáles elementos incluirá fimalmente en su barra de navegación y cuáles dejará fuera. Es necesario que tome una decisión crucial.

¿Podrían tener algún principio en común decisiones de órdenes de magnitud tan disímiles como la que debe tomar el blogger, la que deben tomar los amantes y la que se requiere del presidente de la comisión energética de un país?

¿Cómo determinar lo correcto, lo más conveniente o, incluso, lo menos malo en un momento dado, sea para una persona, una familia, un grupo, un país o la especie humana?

Esta clase de preguntas ha mantenido ocupados a los filósofos durante siglos. Finalmente, el principio básico para la solución fue planteado hace algunas décadas por el más grande de los filósofos. Y es tan verdadero como simple (como debe ser). El principio es:

NO ESCUCHES, MIRA.

Ante la duda entre lo que es y lo que no es, entre lo correcto y lo incorrecto, entre lo funcional y lo infuncional, entre lo verdadero y lo falso, lo útil y lo inútil, lo importante y lo superfluo y un largo, muy largo etcétera, el camino para encontrar una respuesta funcional comienza siempre con: No escuches, mira.

Este es, a mi modo de ver, un principio absolutamente revolucionario. Es todo lo contrario de lo que acostumbramos a hacer: escuchar a las autoridades en la materia correspondiente y concluír “Bueno, si fulano lo dice, debe ser cierto, ya que es un experto en la materia”. O, peor aún: “todo el mundo sabe que…” Exactamente la clase de “pensamiento” que llevó a la humanidad por siglos a considerar que la Tierra era un inmenso plato que descansaba sobre cuatro elefantes. O tortugas. O el animal mítico que fuere. Contrariamente a lo que cree la mayoría de la gente “informada”, esta clase de pensamiento no ha desaparecido por el hecho de encontrarnos en la era de la tecnología. Lo cierto es que se puede encontrar con gran facilidad entre quienes asesoran a los gobernantes del mundo, en las palabras del sermón dominical, o en las de un artículo sobre relaciones amorosas de una revista femenina.

Los Sumos Sacerdotes ya no usan máscaras aterradoras, báculos, taparrabos, ni túnicas. Ahora visten batas blancas y anteojos de marco negro (como los que aparecen en los comerciales de pastas dentales). O trajes de última, handfrees permanentemente conectados y laptops Dell colgando del hombro. O, incluso, jeans y sandalias, pelo largo y un bolsón de cuero sustituyendo al laptop. Los hay para todos los gustos.

Estos modernos Sumos Sacerdotes predican verdades incuestionables, rigurosamente respaldadas por un estudio científico de una clase u otra. Ya no se llaman dogmas de fe, no se llaman tabú. Se llaman “lo políticamente correcto” o “verdad científica”.

Ellos te dirán que el único sistema político válido es la democracia, aunque nunca haya llegado a existir tal cosa desde los tiempos de la Antigua Grecia. Te dirán que la felicidad no existe realmente, aunque no sean siquiera capaces de definirla. Te dirán que quien más produce debe pagar más impuestos, a pesar de que la brecha entre pobres y ricos siga en franco aumento en el mundo. Te dirán que toda verdad es relativa, así que ¡por Dios! no seas tan ingenuo como para perder el tiempo buscándola. Te dirán que el amor es fruto de reacciones químicas y el pensamiento resultado de interacciones eléctricas, aunque jamás hayan logrado producir amor ni pensamiento en un laboratorio. Te dirán que el petróleo no es renovable como recurso natural, te dirán que no hay respuestas ciertas, te dirán que no hay remedio, que no puedes crear nada nuevo, sólo reproducir lo que ya ha sido creado. Te dirán que un blog sin AdSense y sin SEO no es realmente un blog, que tus enlaces entrantes son mucho más importantes que el hecho de responder a tus lectores. Te dirán que….

Cerrar los oídos y abrir los ojos no siempre es fácil. Pero basta con hacerlo las primeras veces para aprender cómo y de ahí en adelante se va volviendo cada vez más fácil y natural. Mirar las cosas, observar por ti mismo cómo son y cómo funcionan (o no funcionan) en vez de escuchar (o leer) lo que opina alguien sobre cómo son no te “dará” las respuestas, pero hará que puedas verlas frente a tus propias narices.

Si simplemente miras, podrás ver. Y ver te obligará a confiar, cada vez un poco más, en tus propias observaciones. Y así, tarde o temprano, podrás crear tus propias respuestas.

Simplemente mira: ¿alguna vez encontraste una respuesta que fuera completamente tuya? ¿cómo te sentiste? ¿cambió algo en tu vida a partir de entonces? ¿de qué te serviría, entonces, crear tus propias respuestas? ¿por qué esto podría ser mejor que operar en base a respuestas de otros? Sólo mira….

El privilegio del discernimiento


Durante un chat de 3 horas con un amigo del alma, recordé una idea de esas que dan vueltas, que vienen cuando no puedes escribirlas y se escapan cuando las llamas. Esta vez la he atrapado por un ala y no la dejaré ir.

Y es que el discernimiento, esa capacidad por definición inherente a la condición humana, pareciera ser más un privilegio que la regla entre nuestra especie. No todas las personas poseen esta capacidad por descontado. O, al menos, no la tienen justo al alcance de la mano. Para muchas, representa un gran esfuerzo. Para algunas, es simplemente inalcanzable en sus circunstancias actuales. En otras palabras, por horrible que parezca, hay personas incapaces de diferenciar entre una verdad y una falsedad.

Existen los datos. Un dato es cualquier pedazo de información.

“Hoy hace calor”.
“Mi nombre es Carlos”.
“La fórmula del agua es H2O”.
“Te quiero”.
“Los ingredientes de mi receta para el pesto son….”.
“El mejor actor del mundo es Al Pacino”.
“La velocidad de la luz es 299,792,458 metros por segundo”.
“Bill Gates está regalando su fortuna a quienes reenvíen este correo”.
“El presidente de la República declaró que….”
“A quien madruga, Dios lo ayuda”.
“La vida es una sola”.

De diverso grado de importancia y utilidad, de diferente veracidad, todos los anteriores son datos.

Entre los datos, existen las observaciones (más o menos precisas), existen los hechos y existen las opiniones o puntos de vista. Por otra parte, también existen datos verdaderos, datos falsos y datos de veracidad relativa. Sin ánimo de escribir un tratado sobre la verdad ni un método para determinarla, estas cosas ya han sido suficientemente investigadas y determinadas, sí me interesa establecer algunos puntos relativos al discernimiento en lo que respecta a un oficio como el nuestro.

A estas alturas, pienso (es una opinión) que Internet ya contiene al menos una aproximación a cualquier respuesta que alguien podría soñar. Dudo que exista algún tema o información de interés general que no se halle mínimamente cubierto en la red.

Pienso también que la mayoría de la gente lo sabe o lo intuye de algún modo y es ahí donde comienza el problema. Internet se ha convertido en LA fuente de información y referencia para una proporción considerable de la Humanidad. Y precisamente por lo fuera de forma que anda nuestra habilidad para discernir, tendemos simplemente a absorber, propagar y reproducir datos, indiscriminadamente, considerando quizá que si está en Internet, debe ser verdad o, peor, sin ninguna consideración en absoluto.

Internet es un inconmensurable océano de datos. Sin embargo, no todos son datos verdaderos, no todos son útiles, no todos tienen la misma importancia relativa.

Si un blogger (o cualquier ser humano) aspira a saber algo, a obtener un mínimo conocimiento sobre algo basado en cualquier información disponible, necesita pasar esta información por el filtro de su discernimiento antes de que pueda tener alguna utilidad o valor para sí mismo o para sus lectores. Debe ser capaz de determinar, para comenzar, si se trata de un dato falso, verdadero, o de verdad relativa o incierta. Debe poder darse cuenta si está ante un hecho o ante una opinión, por más autorizada que ésta pueda ser.

Cuando esto no ocurre, cuando nuestro “escáner de veracidad y aplicabilidad” no enciende de modo automático, estamos ante una máquina fotocopiadora, no ante un blogger. Por lo que he podido observar, Internet, como la vida, está plagado de fotocopiadoras.

En el chat que dio origen a esta entrada, mi sabio amigo del alma escribió un párrafo de esos que merecen ser labrados en mármol, para la posteridad, por ser un hecho y una gran verdad. Por ser no sólo un dato útil, sino un dato vital y por estar, además, hermosamente expresado:

Nos necesitamos a nosotros mismos para estar seguros de algo. De nada sirve que nos lo cuenten si no lo pasamos por nuestro interior. Esa es la única prueba que nos sirve. En ese sentido todo el conocimiento lo llevamos dentro. Somos parte necesaria para que exista el conocimiento.

Yo voy un poquito más allá: Somos parte imprescindible del conocimiento y con este mismo método podemos originarlo. Podemos ser y somos fuente de sabiduría.

Esto puede resultar, como toda maravilla auténtica, un tanto aterrador para corazones débiles. Muy en el fondo, todos sabemos que el conocimiento implica cierta cuota de responsabilidad. Visto desde mis ojos, es el privilegio de toda una aventura épica que vale infinitamente la pena vivir cotidianamente.

NO cambies tu nombre de usuario sin prever las consecuencias (I)

Esta es la historia de la peor catástrofe… bueno, la única en realidad, que he sufrido en casi cuatro años en WordPress.com.

Todo comenzó el 1ro de marzo cuando me enteré, gracias al comentario de una lectora, que ya era posible cambiar el nombre de usuario en WordPress.com. Es una funcionalidad nueva, del 3 de Febrero de este año. Anteriormente, esto no se podía hacer. Tu nombre de usuario no sólo es el que te sirve para abrir sesión en WordPress. También es el que aparece en el url de tu blog, luego de http:// y antes de wordpress. Por tanto, al cambiar de nombre, estás cambiando también de dirección.

Lo voy a repetir: AL CAMBIAR TU NOMBRE DE USUARIO, TAMBIÉN ESTÁS CAMBIANDO LA DIRECCIÓN DE TU BLOG.

Yo sabía esto, pero como la idea de cambiar me encantaba, a pesar del riesgo asumí, irresponsablemente, que WordPress haría que simplemente todo saliera bien, como siempre lo hace. Nunca se me ocurrió pensar que pudiera poner en manos de los usuarios una funcionalidad con potencial catastrófico. La única que existía hasta el momento: Borrar tu blog, te advierte incontables veces durante el proceso que no hay vuelta atrás. Se supone que sabes lo que haces.

Así que lo hice. Cambié mi nombre de usuaria. Entonces, viendo que mi nombre en pantalla y mi avatar apuntaban correctamente a la nueva dirección, me dije con cierto alivio: “efectivamente, ocurre algún tipo de cambio automático, al menos en lo que tiene que ver con WordPress”. Sin embargo, mi nariz suele ser muy sensible, no sólo a los olores, sino también al peligro. Y algo extraño venía percibiendo desde el comienzo…

Para estar segura, me fui donde mi vecino querido. Entré sin siquiera tocar la puerta y fui directamente a su blogroll… sólo para comprobar con horror que ese enlace seguía apuntando a la vieja dirección. En ese momento comprendí que acababa de cometer un grave error.

Como yo tiendo a buscar soluciones antes que lamentarme, sencillamente concluí “Está bueno que te pase, Karen, por tu falta de previsión; ahora tendrás que pedirle a todos tus amigos que te hagan el favor de cambiar el enlace; un fastidio, pero seguramente lo harán, qué remedio.” Y decidí hacerlo al día siguiente, luego de ocuparme de lo más urgente: los lectores que no me tenían en su blogroll.

Corrí a la antigua casa para poner un aviso de cambio de dirección, pero cuál no sería mi espanto al ver que todas las puertas y ventanas estaban clausuradas ¡ya no podía entrar! Es decir, no podía acceder al escritorio, no podía colocar una nueva entrada. En ese momento entré en pánico, es la pura verdad. Así que no puedo decirte con precisión lo que pasó en adelante; una persona en pánico no piensa racionalmente y sus recuerdos son confusos. No me preguntes cómo entré, porque no lo sé, pero lo hice. Abrí la puerta de algún modo (quizá rompí una ventana, no podría asegurarlo) y coloqué la entrada de aviso en mi antiguo blog.

Podía escuchar el eco de mis pisadas en las habitaciones vacías. Ni una sola entrada a la vista en mi viejo blog, el espectáculo era desolador. Y, a la vez, lo sentía como una burla: en la nueva dirección no había ningún cambio perceptible: todo estaba en su sitio; las entradas, las imágenes, la barra de navegación, las páginas; todo en perfecto orden, limpio y arreglado…. pero como en una casa fantasma, situada en medio de la nada, en otra dimensión… ¡nadie podía encontrarla!

Minutos después me di cuenta de que este aviso de cambio de dirección serviría de muy poco. Los enlaces de Google y otros motores de búsqueda que te envían tráfico no enlazan a tu blog en sí, a tu página de inicio, que es donde se vería el aviso de cambio. Enlazan a entradas específicas dentro de tu blog. Es decir que si un navegante busca algo que escribiste en agosto de 2009, Google lo enviará a esa entrada de agosto de 2009, no a tu página de inicio. ¡El permalink, esa función pequeñita que hace de un blog la octava maravilla de la humanidad y a la que acababa de dedicar una entrada completa alabando sus virtudes, me jugaba ahora la broma más macabra que fuera posible imaginar! Era, como toda herramienta poderosa, un arma de doble filo. Sentí que los ojos se me llenaban de lágrimas ante la pérdida inminente de todo mi tráfico, construido con el trabajo constante de cuatro años.

Sumida en el pesar, visualicé mis estadísticas desplomadas durante los próximos meses… la ausencia de comentarios y preguntas de los nuevos lectores…. Resignadamente, concluí que era un “castigo” más que merecido ante mi falta de previsión y me dispuse mentalmente a recomenzar desde cero. Lo único que me quedaba era intentar al menos que esto no le pasara a nadie más. Escribí a soporte de inmediato, con un resumen en 3 líneas de esta entrada, asumiendo mi propia responsabilidad, pero pidiéndoles que agregaran en la páginas de Soporte correspondientes un resumen de las posibles consecuencias del cambio. La respuesta no se hizo esperar:

“Lamento muchísimo lo ocurrido. Hay un remedio: la mejora de redirección, la encuentras en tu escritorio, bajo “mejoras” Y, sí. Colocaré esta advertencia en la página de Soporte, gracias”.

Sabía a qué se refería el Ingeniero de Felicidad que me había contestado y sabía también que las mejoras son de pago. Decidí no hacerlo y sufrir estoicamente las consecuencias de mi error.

Sin embargo, aún me esperaba lo peor.

Repentinamente caí en cuenta de qué era no sólo lo peor, sino lo más importante: ¡los navegantes que buscaban ayuda no podrían encontrarla! Se estrellarían contra el arrecife de un mensaje de error.

Esto es lo que estaría sucediendo, al fin y al cabo: un blogger novato o un prospecto de blogger, como son la mayoría de mis lectores, haría una búsqueda en Google. Google los enviaría a la entrada correspondiente, pero en la antigua dirección. Allí el navegante encontraría un aviso de error: “Lo sentimos, lo que buscas no se encuentra aquí”. Porque la entrada específica, efectivamente, ya no estaba en la antigua dirección, sino en la nueva. Y si por suerte o por experiencia este navegante sí lograba llegar a la nueva casa ¡cualquier enlace en el que hiciera click, lo rebotaría al viejo blog y, por tanto, al aviso de error! ¡¡MIS PROPIOS ENLACES, EN MI PROPIA CASA, APUNTABAN AHORA A LA ANTIGUA DIRECCIÓN!! :-O

Esto fue demasiado para mí. El sentido y el propósito de mi blog, se había perdido por completo. Un blog sin enlaces o con enlaces rotos no sirve para nada. Y mucho menos en el caso de un blog como el mío. Comprendí que la idea de sufrir estoicamente era estúpida y que si alguien debía sufrir, era mi bolsillo. Debía reparar el desastre potencial que había ocasionado. La otra alternativa era cambiar manualmente cada enlace de mis 104 entradas, o, sencillamente, el abandono de este proyecto. Porque ya no se trataba solamente de recomenzar desde cero, se trataba de que estaría causando confusión y una pequeña pérdida a cada persona que llegara a mi blog en busca de ayuda, unas 4 mil al mes. Y no estuve dispuesta a ser responsable de algo como eso.

Así que compré la mejora de redirección. Y todo, mágicamente, volvió a la normalidad en un abrir y cerrar de ojos.

Espero que si algún día se te pasa por la mente cambiar tu nombre de usuario en WordPress o en cualquier otro sitio, puedas tomar la decisión sabiendo todas las posibles consecuencias.

En mi próxima entrada (ya está casi lista y espero publicarla en tres o cuatro días), te contaré la historia desde el punto de vista técnico (sin drama ni emoción, sólo con los hechos), incluyendo todos los pasos que hay que dar –o no dar, para que puedas hacerlo sin riesgos. Mientras tanto, si tienes más de 2 meses con tu blog ¡por favor, no lo hagas!


Junio 2011. Ya existe una forma completamente segura de cambiar tu nombre de usuario sin peligro. La encuentras en esta entrada.